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MUST MOVIES.- ¿Está Funcionando Esto? (20th. Century Studios) - CRÍTICA

Dirigida por Bradley Cooper; con Will Arnett, Laura Dern, Andra Day, Ciarán Hinds y Cooper. 121 mins. (20th Century Studios)

Por Julio Cortés

Cada otoño se estrenan en Estados Unidos muchas películas que compiten por conseguir ser nominadas al premio Oscar al año siguiente. Pero de éstas, hay un puñado de filmes que, previo al anuncio de la lista de afortunados, generan comentarios acerca de su casi segura inclusión entre los nominados. Cuando finalmente no son tomados en cuenta, esa oleada de recomendaciones de boca en boca se esfuma súbitamente y gran parte del público las olvida, a unas injustamente y a otras no. En 2026 el ejemplo más claro és Die My Love (con Jennifer Lawrence), pero también se podría sumar a ese selecto grupo ¿Está Funcionando Esto?, el regreso de Bradley Cooper como director, luego de sus exitosos trabajos A Star Is Born (de 2018) y Maestro (de 2023).

Will Arnett interpreta a Alex, un hombre de mediana edad a punto de divorciarse de Tess (Laura Dern), y que casualmente entra al mundo de la comedia de stand-up en un bar de Nueva York. El revelar en esas rutinas sus problemas personales provoca cambios en su vida, pero con el tiempo lo lleva a cuestionarse si  su relación con Tess lo conduce al éxito o al fracaso.

Bradley Cooper intenta en este filme resaltar la comedia de stand-up como un marco para un drama romántico. La idea no es nueva; en 1988 se estrenó Punchline, cinta protagonizada por Tom Hanks que fue un fracaso tanto en Estados Unidos como en México. En esa época las rutinas de comedia en el escenario, tal y como se hacen allá, eran casi ignoradas aquí, pero el problema de ese filme consistía en rayar en el sentimentalismo.  Will Arnett es muy bueno como Alex, quien ama a su esposa, pero quiere salir de la rutina, por lo cual el stand-up le funcionaes como una vávula de escape, aunque quizás revela demasiado de su vida personal. Llega un momento en el que intenta tener un romance con una chica que se presenta en el mismo bar, pero en el fondo lo que le atrae de ella es su libertad. Y cuando Tess tiene una cita con un tipo llamado Laird (Peyton Manning, sí, el quarter-back estrella) y presencia el monólogo de Alex, al principio se ofende, pero después lo acepta, ya que él expuso ante el público sus frustraciones, que no se atrevía a confesarle en pareja. 

El caso es que para algunos directores el adentrarse en el mundo del stand-up puede resultar original, pero no se le debe ver como algo intelectual o demasiado profundo. No han podido extraerle lo divertido (y no debe de entenderse eso como un sinónimo de superficial), a excepción de Eddie Murphy en sus conciertos. El conflicto romántico es del mismo tipo de la que se mostró en filmes como Marriage Story y The Story Of Us (qué títulos tan parecidos, ¿verdad?), pero el público tendrá más empatía con Laura Dern y Arnett. Después de dirigir dos grandes producciones, para Bradley Cooper éste es un proyecto un tanto de ego, y aquí hace un rol secundario algo incómodo, interpretando a un actor maduro que sigue luchando por sobresalir. Inexplicablemente, incluyó en una secuencia un cover del clásico Under Pressure interpretado por una banda infantil, el cual resulta verdaderamente deplorable.    

La película cuenta con dos historias luchando en el mismo argumento, las cuales podrían haber sido contadas mucho mejor por separado y no complementándose (al contrario, una le estorba a la otra). ¿Está Funcionando Esto? es un trabajo tan interesante como su personaje principal, aunque no haya cohesión entre sus demás elementos. Cualquier filme con el gran Ciarán Hinds en un papel de reparto es digno de verse; aquí el interpreta al padre de Alex, quien tras acudir a ver su show le dice: "La próxima vez, agrega una buena broma". No podría haber sido un mejor consejo, pero para Bradley Cooper en su faceta como director. 

👋👋👋

(Fotografías: cortesía 20th. Century Studios)

MUST MOVIES.- ¡Ayuda! (20th. Century Studios) - CRÍTICA

Dirigida por Sam Raimi; con Rachel McAdams, Dylan O'Brien, Xavier Samuel y Dennis Haysbert. 113 mins. (20th. Century Studios)

Por Julio Cortés

El director Sam Raimi había abandonado el género de horror durante más de 15 años, y durante ese tiempo se dedicó a filmar superproducciones, incluidas tres películas de Marvel sobre el superhéroe Spider-Man. Eran trabajos fílmicos hechos de una forma muy profesional, pero Raimi también se siente a gusto en películas de presupuesto más bajo, dejando en varias escenas su particular estilo (aclamado por unos y repudiado por otros).  

En ¡Ayuda! (Send Help), Linda Liddle (Rachel McAdams) es una antigua empleada en una prestigiosa compañía, pero con la reciente muerte de su jefe, se muestra entusiasmada por conocer al hijo de éste, Bradley Preston (Dylan O'Brien), quien estará al mando de la empresa. Tras un incómodo encuentro, Linda viaja por motivos de trabajo a Bangkok, acompañada de Preston y otros compañeros. Pero tras un accidente aéreo, ella y su jefe quedan varados en una isla desierta, luchando por sobrevivir y con una relación bastante tensa.

Desde las primeras escenas la película cuenta con elementos para percatarnos de que nada debe de tomarse en serio, con el sello que Raimi hizo suyo en Evil Dead, una cinta con la que habría comenzado todo un culto de obsesionados por su cine de horror. Es muy improbable que una bella chica como Rachel McAdams tenga ese look en ese tipo de empresas, pero en esos momentos no se nos quita de la cabeza que es la actriz actuando algo ridículo, y no un personaje que hace las cosas en serio. Esa es la idea del director, junto con una secuencia de la colisión en un avión con la misma manufactura de filmes chinos, coreanos o la saga de Sharknado (hasta la de la pélícula Passeger 57 es mejor). La caída de una aeronave al mar resultó impresionante en Castaway hace ya un cuarto de siglo, pero aquí es una serie de clichés, con todo y toma nocturna del mar.

Linda y Bradley se estudian y se enfrentan con total desconfianza en la isla desierta, y es entonces cuando se intercambian los papeles de sumisión y rebeldía, pero también los de víctima y victimario. Da la casualidad de que la protagonista está obsesionada con los reality shows de supervivencia, por lo que es fácil para ella encender una fogata, hacer un refugio y hasta comida gourmet. A diferencia de las películas (y en ese tipo de programas de televisión) en las que los naúfragos tienen un romance y quieren ser rescatados, aquí es la mujer quien no quiere abandonar su entorno (irónicamente) idílico, ya que sabe que en la civilización todo pasará a ser lo mismo que antes. Tal transformación es el punto interesante del filme. 

Sin embargo (y aunque no estoy revelando nada importante del desenlace), a estas alturas el director ya nos ha manipulado, dando paso a la violencia, mucha sangre, situaciones absurdas y de humor negro, además de un giro de tuerca con influencia de la película Triangle Of Sadness que no es muy satisfactorio. Rachel McAdams y Dylan O'Brien son competentes, pero no logran que nos podamos preocupar mucho por sus personajes o sus acciones. En suma, Sam Raimi no hace más que repetir elementos y la fórmula de varios de sus filmes (de horror) pasados. Siempre he pensado que él es una versión más pequeña del director Wes Craven, quien estrenó en 2005 Red Eye, una cinta con mucha más acción, más suspenso, menos violencia y un guión más sólido. Búscala en streaming. ¿Olvidé decir que Red Eye era con Rachel McAdams? Ahí luce mucho, pero mucho mejor que en ¡Ayuda!

👌👋

Fotografías: cortesía 20th. Century Studios


MUST MOVIES.- Valor Sentimental (MUBI) - CRÍTICA

Dirigida por Joachim Trier; con Renate Reinsve, Stella Skarsgard, Inga Ibsdotter y Elle Fanning. 133 mins. (En streaming en MUBI)

Por Julio Cortés

En los últimos años parece casi un requisito que entre las 10 cintas nominadas al premio Oscar (en la máxima categoría) se incluya el filme que el año anterior a la entrega haya obtenido la Palma de Oro o el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes. Hay varios ejemplos, como Parasites, Anora o The Zone Of Interest (Titane hubiera sido algo extremadamente arriesgado para la Academia de Hollywood). En 2026 ese reconocimiento es para Valor Sentimental (Sentimental Value), el más reciente trabajo de Joachim Trier, un director danés especializado en profundos dramas y que fue aclamado por la crítica en 2021 por The Worst Person In The World, película que lanzó a la fama mundial a la actriz Renate Reinsve

En esta película Reinsve interpreta a Nora, una exitosa actriz de teatro que tras varios años se reencuentra con su padre, Gustav Borg (Stellan Skarsgard), quien fuera un afamado director de cine y que ahora plena regresar con un filme autobiográfico. Nora rechaza el ofrecimiento de Gustav en cuanto a tener el papel principal en la película, por lo que éste elige a Rachel Kemp (Elle Fanning), una joven actriz de Hollywood. Así, con el paso de los días, el director busca afrontar su tormentoso pasado tanto con Nora como con su otra hija, Agnes (Inga Ibsdotter Lilleaas).

Trier es un realizador sobrio y elegante, y se toma su tiempo para adentrarnos en los problemas de sus tres personajes principales: por un lado, el director venido a menos que tiene confianza en el capricho de dar a conocer, a manera de catarsis personal, la historia de su madre. Y por otro, el resentimiento de su hija ante su abandono muchos años atrás. La hermana de Nora es una especie de mediador en ese conflicto, a la vez que busca hacer una nueva vida al preocuparse por su pequeño hijo (Oyvind Hesjedal Loven), marcando así la diferencia entre la falta de atenciones que Gustav tuvo con ellas.

El personaje de Elle Fanning (una actriz que es efectiva tanto en los filmes comerciales como en los de arte) es el que involuntariamente logra un mediano acercamiento entre el padre y la hija, aunque eso no significa que las heridas sanen del todo. Poco a poco los conflictos internos de Nora pasan a ser paralelos con los de Gustav, debido al vínculo familiar y sobre todo a la soledad (ella tiene una relación con un hombre casado, pero su objetivo no es contar con una pareja estable). Hay momentos en los que el director se da el lujo de presumir algunos trucos visuales, como cuando el personaje principal parece ingresar a una casa (cuando en realidad se encuentra en el escenario de un teatro), y una especie de morphing de los rostros de los protagonistas por medio de la luz (el efecto es como el de la presentación de las series y películas en el canal de streaming de Star Wars en Disney+). En el fondo esas técnicas y un trasfondo sociopolítico en el conflicto principal no son necesarios, ya que lo más poderoso aquí es la narrativa, expuesta de mucho mejor manera que en The Barbarian Invasions hace más de 20 años. 

Todo ello nos lleva a la actuación de Stellan Skarsgard, quien se dio a conocer mundialmente en 1996 en la cinta Breaking The Waves, de Lars Von Trier, y que logra ahora uno de sus mejores trabajos. Como el director Gustav Borg, luce muy seguro en varias escenas (como cuando regala a su nieto DVDs de los filmes Irreversible y The Piano Teacher, curiosas elecciones), pero después el personaje no puede contener su soledad, tristeza y desesperación. Valor Sentimental no es una película para todos los gustos; está centrada en las interpretaciones y en el trasfondo de cada secuencia. Pero sus personajes son intensos, y muchos encontrarán en ellos puntos en común.  

👌👌👌

Fotografías: cortesía MUBI

MUST MOVIES.- El Botín (Netflix) - CRÍTICA

Dirigida por Joe Carnahan; con Matt Damon, Ben Affleck, Teyana Taylor, Steven Yeun, Sasha Calle y Kyle Chandler. 113 minutos (Netflix)

Por Julio Cortés

A estas alturas, es ya difícil decir si Matt Damon y Ben Affleck (en ese orden de importancia, por la calidad de trabajos realizados) han estelarizado siete u ocho películas, pues las apariciones breves que han hecho en filmes de corte independiente desde hace tres décadas son bastantes. Resultó una sorpresa que de nuevo protagonizaran un filme para una plataforma de streaming (después de Air, de 2023), pero El Botín (The Rip) los regresa al género de acción, que habían dejado a un lado, por lo menos de manera conjunta.

Damon y Affleck interpretan a dos detectives antinarcóticos (Dane Dumars y J.D. Byrne) afectados por la reciente muerte de su capitana. Una noche acuden a un operativo en una casa frecuentada por traficantes, y ahí encuentran un botín de 20 millones de dólares. Pero tras un tiroteo, Dumars y Byrne sospechan que dentro de su equipo y hasta entre ellos mismos hay un soplón que se quiere quedar con el dinero.

El Botín es un filme escrito y dirigido por Joe Carnahan, quien saltó a la fama en 2002 gracias a Narc, una excelente película sobre policías antinarcóticos estelarizada por Jason Patric y Ray Liotta, y que es difícil encontrar en el streaming, a diferencia de muchas cintas olvidables que están disponibles en plataformas. Matt y Ben son competentes en sus personajes, y muy superiores a los demás integrantes del elenco principal, como Yeun, Calle y Taylor (Kyle Chandler es más sobresaliente, aquí como un policía misterioso). En esta película la mayoría de las escenas son de noche, y uno de los atractivos es la fotografía de Juan Miguel Azpiroz, con claroscuros y colores neón que contribuyen a una atmósfera tensa. 

La primera mitad de la historia contiene muchos diálogos, mientras se lleva a cabo el descubrimiento del botín en la casa. Por un momento el director engaña al espectador, haciéndole creer que esta será una película de bajo presupuesto, algo aburrida y que se asemeje a una obra de teatro. Pero afortunadamente no es así: el filme pasa a tener mucha acción y sorpresas, además de un enfrentamiento (entre cuatro de los personajes) dentro de un vehículo. Los necesarios giros de tuerca para que el público quede satisfecho, por lo menos durante las semanas en las que este trabajo (al fin y al cabo de streaming) mantiene una fiebre mediática.

Al igual que Redford y Newman, Pitt y Clooney, o Stiller y Wilson, Matt Damon y Ben Affleck logran una combinación en pantalla que da como resultado escenas entretenidas, que no resultarían tan efectivas con algún otro actor (ambos dominan el idioma español, y aprovechan para demostrarlo en una secuencia en la que hacen una videollamada con un narcotraficante). El Botín no supera otros trabajos de estas dos estrellas, como The Last Duel, Dogma y la ya mencionada Air, pero agita las aguas un poco, lo cual ya es algo. 

👋👍👍

Fotografías: cortesía Netflix

MUST MOVIES.- Depeche Mode - M (Trafalgar Pictures - Netflix) - CRÍTICA

Dirigida por Fernando Frías, con el grupo Depeche Mode (Dave Gahan, Martin L. Gore, Christian Eigner y Peter Gordeno). 95 mins. (Trafalgar Pictures; estreno en Netflix el 9 de enero)

Por Julio Cortés

Depeche Mode puede considerarse un grupo de música bailable, de tecno y también de rock; todo se engloba en el estilo alternativo, del cual es uno de los máximos exponentes. En 2023 lanzaron Memento Mori, su álbum número 15, grabado ya sin el (aparente) tecladista Andrew Fletcher, quien falleció el año anterior. Vino una gira mundial, en la que visitaron México, llenando el Foro Sol (ahora Estadio GNP Seguros) tres noches. Y eso dio pie a la filmación de M, una película dirigida por Fernando Frías que llegó a los cines en noviembre de 2024, y que ahora está disponible en la plataforma Netflix

"Este documental explora la relación de México con la música, la muerte y la tradición, enmarcada por la serie de conciertos agotados de la banda de synth-pop Depeche Mode". La sinopsis de Netflix no podría ser más certera, porque en realidad esto no se trata de un concierto, sino un documental que provoca cierta confusión en el espectador, debido a que cuando comienza a tomar vuelo, es interrumpido -muchas veces- por pasajes en las que se escuchan poemas escritos por ¿fans? ¿autores reconocidos? sobre la muerte; además de un incómodo guión leído por Daniel Giménez Cacho (un brillante actor, con excelente voz, pero aquí desperdiciado), que intenta transportarnos a un concepto semiesotérico, que nada tiene que ver con la música del grupo originario de Basildon, Inglaterra.

Hay ciertas tomas aéreas del público y del escenario, pero en muchos momentos la imagen digital es tan clara que se asemeja más a un video, restándole la atmósfera que da una película. El empeño del director se reconoce, y aunque hay varios camarógrafos, muchas de las tomas son al ras del escenario, captando las espaldas de los músicos y tomando directamente al público, cuando debería ser al revés. Eso, y la insistencia de incluir imágenes con monitores de televisión (antiguos) que muestran declaraciones -irrelevantes- de ciertos asistentes demeritan un proyecto de tal magnitud. (Inexplicablemente, el documental no presenta una de las mejores canciones de los conciertos, Precious, que fue editada como sencillo para promocionar el álbum doble a manera de soundtrack, y cuyo video puedes ver aquí).

La música de Depeche Mode, por otra parte, es desde luego, brillante. Grandes clásicos como Personal Jesus, Never Let Me Down Again y Enjoy The Silence muestran el arrastre que Gahan y Gore tienen en el público, y hay tracks sobresalientes como Walking In My Shoes, It's No Good y Everything Counts. La mejor época del grupo (de 1983 a 1994) fue cuando estaba el tecladista y arreglista Alan Wilder, y ahora tanto su sustituto (Peter Gordeno) como el baterista Christian Eigner le dan un toque algo rockero a ciertos temas. El desempeño de David Gahan como vocalista sigue siendo más que competente (está en plena forma a sus 63 años), y en la recta final hace su legendario paso de baile twirling.

Parecería que antes de comenzar este trabajo Fernando Frías hubiera tenido dos opciones: filmar una presentación de la banda de principio a fin, para desarrollar un estilo visual (como lo plasmaron D.A. Pennebaker en 101 (1989) y Anton Corbijn en Devotional (1993), los dos filmes clásicos de conciertos de Depeche Mode), o insistir en mostrar viñetas de un aparente concepto que no se adapta a la música de la banda. Frías quiso hacer una combinación, y el proyecto casi se le salió de las manos. El streaming no cuenta con los capítulos en los que se divide una película en DVD, pero afortunadamente los dos medios sí tienen algo en común como complemento: el control remoto, por lo que los fans pueden seleccionar lo mejor de M, que son las canciones de un gran grupo con más de cuatro décadas de carrera.

(Puedes consultar la crítica de Must Music al soundtrack de Depeche Mode: M aquí)

👋👋👎

Fotografías: cortesía Trafalgar Pictures

MUST MOVIES.- Zootopia 2 (Disney) - CRÍTICA

Dirigida por Jared Bush y Byron howard; con las voces de Ginnifer Goodwin, Jason Bateman, Ke Huy Quan, Andy Samberg, Idris Elba, Patrick Warburton, Danny Trejo y Shakira. 108 mins. (Walt Disney Pictures)

Por Julio Cortés

Hay películas de animación que obtienen un éxito sorpresivo, y de inmediato el equipo de producción comienza a trabajar en una secuela, que se estrena dos años después y cuyos resultados pasan a ser menores que los del filme original, resultado de un argumento deficiente y de la prisa por obtener de nuevo esa fórmula que, en esencia, sólo se da una vez. Pero durante mucho tiempo ése no fue el caso de Zootopia, una cinta de Walt Disney Animation Studios que impresionó a propios y extraños en 2016, expandiendo su público poco a poco y convirtiéndose en un clásico del género. Todos ansiaban una segunda parte, que fue cocinándose lentamente y que por fin se estrena, presentando a entrañables personajes y con otros nuevos, que también se quedarán en la memoria de chicos y grandes.

En esta nueva aventura, la coneja Judy Hopps (Goodwin) y el zorro Nick Wilde (Bateman) trabajan ahora como policías, en un caso en el que le deben seguir la pista a un misterioso reptil que llega a Zootopia. Así, deambulan como incógnitos en ciertas zonas de la ciudad, conociendo personajes como la familia Lynxley -conformada por linces-, la castor Nibbles (Fortune Feimster), el reptil Jesús (Danny Trejo) y el alcalde Brian Winddancer (Warburton). Poco a poco Nick y Judy obtienen datos con los que el caso podría conducirlos a un hecho importante en la historia de Zootopia, y con sorpresas para todos los habitantes.

El director de Zootopia, Byron Howard, regresó para esta secuela, pero no Rich Moore, quien fue sustituido por Jared Bush (uno de los guionistas en la primera parte). La esencia de los personajes Judy y Nick Wilde está ahí, y todos los conocemos bien, pero no deja de ser una pareja dispareja, como las conformadas en la saga de Toy Story (Buzz Lightyear y el sheriff Woody) o en la de Monsters Inc. (Mike Wazowski y James Sullivan). Es la receta clásica de las películas buddy cop, lo cual hace esto más atractivo, pues ellos son policías. En cuanto a los animales que van encontrando al investigar el caso, hay unos muy vistosos, como la serpiente Gary o el pintoresco caballo Winddancer. Los linces son los más memorables y carismáticos, aunque la castor y el lagarto mexicano no tienen el atractivo de muchos que vimos en el filme de 2016.

Como todas las secuelas, este filme es en cierta forma mucho más elaborado que el anterior, pero no se desvía por complacer más al público adulto que a los niños -un punto muy bueno-, quienes se divierten mucho viéndolo. Hay detalles graciosos, y son precisamente las apariciones de personajes como como el jege Bogo (con voz de Idris Elba), Gazelle (Shakira), Roedriguez (Alan Tudyk), Mr. Big (Maurice LaMarche) y sobre todo el perezoso Flash (Raymond Persi), quien salva la situación en un momento decisivo. Son momentos fugaces y uno desearía que duraran más, aunque obviamente hay pistas que nos dejan esperanzas para una tercera parte.

La película no está exenta de un defecto: tiene un desenlace demasiado largo, que se desarrolla más allá de los muros climáticos de Zootopia; cuando uno piensa que el caso ya se resolvió, todavía restan diez minutos. Aunque, después de esperar casi una década por esta segunda parte, es comprensible que los directores quisieran ser más detallistas en las escenas de acción. En un año en el que las superproducciones de animación han sido pocas, pero muy impactantes, Zootopia 2 resulta una de las mejores, pues no cae en sentimentalismos ni argumentos incomprensibles. Si le sumamos un villano memorable, tenemos un filme muy sobresaliente en el género. 

👌👍👍👍👍

Fotografías: cortesía Walt Disney Pictures

MUST MOVIES.- Wicked: Por Siempre (Universal) - CRÍTICA

Dirigida por Jon M. Chu; con Ariana Grande, Jeff Goldblum, Cynthia Erivo y Michelle Yeoh. 137 mins. (Universal Pictures)

Por Julio Cortés

Si Wicked es una de las grandes obras musicales de Broadway, el año pasado la película fue uno de los mayores éxitos en los cines a nivel mundial. Gran parte de su atractivo fue contar con la cantante Ariana Grande en uno de los papeles principales, pero el trabajo del director Jon M. Chu (meticuloso en cada una de las escenas de la superproducción) fácilmente fue lo que obtuvo la aceptación del público. El concepto visual, las actuaciones y los temas compuestos por Stephen Schwartz se combinaron en un gran espectáculo cinematográfico. Pero era de esperarse que la cinta se dividiera en dos partes, y un año después ya está aquí Wicked: Por Siempre (Wicked: For Good), esperada por los fans y con un argumento de alguna forma conocido por un porcentaje de espectadores.

La película es el segundo acto de la puesta en escena: Elphaba (Erivo) vive exiliada y se oculta en el bosque de Oz, mientras continúa su lucha por la libertada de los animales silenciados del reino e intenta exponer la verdad que conoce sobre El Mago (Jeff Goldblum). Mientras tanto, Glinda (Grande) se ha convertido en el símbolo de la bondad en todo Oz, viviendo en el palacio de la Ciudad Esmeralda. Ella va a casarse con el príncipe Fiyero (Jonathan Bailey), e intenta una reconciliación entre Elphaba y El Mago, pero todo fracasa, alejando aún más a las dos amigas y con efectos que transformarán sus destinos.

Esta película se centra en el personaje de Erivo; es decir, en Elphaba. Así, vemos los esfuerzos que ella hace por defender a los animales, pero también se enfrenta a Glinda, en una secuencia que es intensa, pero también conmovedora. A medida de que el conflicto aumenta, también aparecen los personajes clásicos de El Mago de Oz, entre ellos Dorothy (interpretada por Bethany Weaver). Fiyero demuestra su amor por Elphaba en una escena que ha causado cierta polémica, pero que en mi opinión no es motivo para un escándalo. Goldblum es un actor carismático, y de nuevo da muestras de ello como El Mago, ya no tan encantador, sino siniestro y temeroso ante una sorpresiva noticia.

El fastuoso diseño de producción de Nathan Crowley fue punto clave en la primera parte, pero también aquí, así como los efectos especiales de Tom Bailey y su equipo. Hay algunos momentos de la película en los que uno olvida la pantalla verde de la preproducción y se ve trasladado a ese mundo de fantasía, aunque sigo pensando en que el concepto visual -con los colores verde y rosa de algodón de azúcar- es demasiado parecido al del video de la canción Me!, de Taylor Swift y Brendon Urie. En cuanto a las secuencias musicales, la mejor, sin duda, es en la que se escucha la balada The Girl In The Bubble, interpretada por Ariana, quien supera en esa faceta a Cynthia.

Para disfrutar al máximo Wicked: Por Siempre es necesario haber visto la anterior película. Esta secuela tambien tendrá bastante éxito, recaudará mucho dinero en los cines y seguramente estará nominada a varios premios Oscar, pero es notable que este año no hubo una competencia con otro filme, como sucedió en 2024 al enfrentar a Wicked con Gladiator II. Al ver los créditos finales, no dejaba de preguntarme qué es lo que les falta a estos dos trabajos de Chu para convertirse en clásicos. Y minutos después lo descubrí: no tienen un tema musical memorable, un número 1 verdaderamente popular. Titanic lo tuvo; Frozen lo tuvo; Rocky lo tuvo. Vamos, hasta The Wizard Of Oz lo tuvo. En ese sentido, Wicked: For Good no podía ser perfecta.

👌👋👍👍

Fotografías: Cortesía Universal Pictures

(Para ver la crítica del soundtrack de Wicked: For Good, ingresa aquí

MUST MOVIES.- Los Ilusionistas 3 (Corazón Films) - CRÍTICA

Dirigida por Ruben Fleischer; con Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco, isla Fisher y Rosamund Pike. 112 mins. (Corazón Films)

Por Julio Cortés

La película de 2013 Now You See Me contaba con un argumento atractivo, por lo menos al leerlo: un grupo de ilusionistas se dedican a robar bancos durante sus presentaciones, y recompensan al público asistente con el botín. Pero el filme en sí no era muy trascendente o emocionante. Sin embargo, tuvo una secuela en 2016, igual de tibia en intensidad, pero que demostró que había cierto número de seguidores a las aventuras de esos magos, interpretados por buenos actores, como Jesse Eisenberg, Woody Harrelson y Dave Franco. Casi diez años tuvieron que pasar para que ahora llegue a los cines una nueva cinta en la serie, Los Ilusionistas 3 (Now You See Me: Now You Don't), la cual, sin duda, es la más entretenida.

Daniel Atlas (Eisenberg), Merritt McKinney (Harrelson), Jack Wilder (Franco) y Henley Reeves (Isla Fisher), ilusionistas conocidos como Los Cuatro Jinetes, son reclutados nuevamente para una misión compleja. Ahora deben infiltrarse en una compañía minera para robar un diamante que está en poder de Veronika Vandenberg (Rosamund Pike) y exponer la corrupción de ésta. Pero además, Daniel, Merritt, Jack y Henley deberán de trabajar con Charlie (Justice Smith), Bosco (Dominic Sessa) y June (Ariana Greenblatt), quienes conforman una nueva generación de ilusionistas.

Esta película es una mezcla de las secuelas de la saga de Ocean's Eleven (protagonizadas por George Clooney y Brad Pitt) y las de The Fast And The Furious (con Vin Diesel). Las nuevas generaciones no están obligadas a conocer esos filmes, pero describiré aquí la fórmula: en cada cinta de la serie que se va estrenando, al elenco principal -de dos o tres actores- se le van agregando integrantes. El presupuesto aumenta, y con ello las misiones de la banda generalmente son en países más lejanos y exóticos. El toque final es un villano -o villana- que se luce con sus fechorías, y en algunas ocasiones resulta ser un pariente -lejano o cercano- a uno de los protagonistas. Con algunas retorceduras, esa receta no falla para las superproducciones del verano o el otoño.

Lo que hace buena a Los Ilusionistas 3 es que Los Cuatro Jinetes no son odiosos, sino desenfadados. Vestidos elegantemente, nunca caen en la violencia, sino que recurren a sus trucos para enfrentar los obstáculos que se les presentan (en esta ocasión les hacen ver su suerte en un gigantesco tanque de agua). Morgan Freeman aparece como Thaddeus Bradley, el mentor en la sociedad secreta The Eye, y su personaje trata de disimular la ausencia por el que hacía Michael Caine (un actor actualmente retirado). Isla Fisher siempre luce muy bella, pero quien resulta irresistible es Pike, decidida a quedarse con un gigantesco diamante, ignorando una sorpresa que le tiene uno de los magos. La escena en la que ella aparece con Harrelson en un cuarto de interrogatorios es emocionante y efectiva.

El director Ruben Fleischer ya había trabajado con Woody Harrelson en las excelentes cintas Zombieland y Zombieland: Double Tap, pero aquí logra que la película corra rápido, sin ningún momento aburrido (tal vez el único punto negativo sean los nuevos personajes, un tanto arrogantes y verdes en cuanto a experiencia junto a Los Cuatro Jinetes). Lo mejor de Los Ilusionistas 3 es un detalle en el que decenas de realizadores no se fijan desde hace más de dos décadas: el que cualquier persona que vea esta cinta, sin conocer los dos primeros filmes de la saga, entienda perfectamente el argumento. En una época en la que las producciones de Star Wars, Disney, Dreamworks y Marvel resultan incomprensibles sólo si uno ve una cantidad considerable de filmes previos y series en streaming, lo que se ofrece aquí resulta más que un respiro de alivio para el espectador casual.

👍👍👍

Fotografías: Cortesía Corazón Films

MUST MOVIES.- Depredador: Tierras Salvajes (20th Century Studios) - CRÍTICA

Dirigida por Dan Trachtenberg; con Elle Fanning, Dimitrius Schuster-Koloamatangi y Reuben de Jong. 107 mins. (20th. Century Studios)

Por Julio Cortés

Hace 30 años nadie hubiera imaginado que después de dos películas el personaje del Depredador tuviera potencial para un puñado de filmes que han tenido éxito variable en las taquillas. La combinación de violencia y ciencia ficción a-lo-Alien comenzó en 1987, en esa cinta protagonizada por Arnold Schwarzenegger cuyo plan de marketing era nunca presentar al monstruo, hasta que los espectadores quedaran impactados con su fealdad al verlo en la sala de cine. Ahora llega Depredador: Tierras Salvajes (Predator: Badlands), uno de los grandes estrenos del otoño que nadie pedía -y, por ende, nadie esperaba-, pero que podría dar paso a una nueva saga.

La película nos muestra a Dek (Dimitrius Schuster-Koloamatangi), un joven Depredador exiliado, quien forma una rara alianza con Thia (Elle Fanning), una androide construida por la corporación Weyland-Yutani. Ambos se embarcan en un peligroso viaje por el planeta Genna para enfrentarse a una criatura llamada Kalisk, lo que pone a prueba la confianza entre ellos, pero lo que ignoran es que Tessa (también Fanning), otro androide que es considerado la hermana de Thia, se dirige a Genna para atrapar al Kalisk y a todo aquél que sea un obstáculo en su misión. 

Dan Trachtenberg es el responsable de este filme, y tiene experiencia en el tema, tras dirigir en 2022 Prey, una película de buena manufactura que mostraba el enfrentamiento de una mujer primitiva contra el alienígena. El Depredador de Tierras Salvajes (adecuadamente interpretado por el neozelandés Koloamatangi) ve morir a su hermano a manos de su padre, y desde ahí se logra que el público sienta empatía con el personaje, que resalta su lado emotivo. Su interacción con la androide al principio es agresiva, pero con el tiempo se forma un vínculo entre ellos.

El guión de Patrick Aison logra un comparativo muy interesante, al exponer tanto la relación de Dek con sus familiares como la de Genna -una "hermana" alegre y compasiva- con Thia -fría y celosa en su misión de capturar a cuantas criaturas se encuentre-. Es difícil ver a la siempre joven Fanning en este tipo de filmes, y aquí aparece en un doble papel, dando muestra una vez más de su talento (el peinado de Thia es muy parecido al que Elle lució en la película Babel). La atmósfera apocalíptica está llena de tensión, como esos episodios de la serie The Mandalorian en los que los villanos son realmente peligrosos y no tienen piedad por nadie.

Varias escenas cuentan con espectaculares efectos especiales, y en el clímax de la historia hay peleas dignas de un personaje de este tipo (después de todo, uno de esa especie se enfrentó contra el Xenomorfo de Alien en la película de 2007). Una criatura llamada Bud me resultó un tanto innecesaria y desagradable, pero eso se puede perdonar en un filme que se centra en su género, y en el que el director tiene muy bien planteada la cantidad -e intensidad- de acción y drama que va a presentar. Depredador: Tierras Salvajes provoca que uno se interese en los conflictos de sus personajes principales, y eso es un plus que siempre se agradece.

👍👍👌

Fotografías: Cortesía 20th Century Studios

MUST MOVIES.- Teléfono Negro 2 (Universal) - CRÍTICA

Dirigida por Scott Derrickson; con Ethan Hawke, Mason Thames, Madeleine McGraw, Jeremy Davies y Demián Bichir. 114 mins. (Universal Pictures)

Por Julio Cortés

Hace cuatro años la película The Black Phone resultó un éxito sorpresivo, en gran parte porque era bien dirigida por Scott Derrickson y mostraba un perfil poco conocido del actor Ethan Hawke, como un temible villano enmascarado llamado The Grabber (El Raptor), que secuestra niños, entre ellos Finn (Mason Thames). Era lógico que los buenos resultados en taquillas de ese filme -un thriller con toques sobrenaturales y violencia psicológica- dieran pie a una secuela, Teléfono Negro 2 (Black Phone 2), en la que regresan las estrellas principales, aunque el resultado ahora al salir del cine es bastante distinto.

Thames vuelve a interpretar a Finn, un joven que ahora tiene 17 años y que lucha por sobrellevar su vida después de haber acabado con El Raptor. La hermana de Finn, Gwen (Madeleine McGraw), comienza a recibir llamadas en sus sueños a través del teléfono negro y a tener visiones de tres niños acechados en el campamento de invierno Alpine Lake. Así, Finn y Gwen se deciden a resolver el misterio, pero descubren que El Raptor resulta ser más importante para ellos de lo que jamás imaginaron.

No es muy difícil planear el argumento de una secuela que muestra a un personaje que murió en el filme original (y con ello no estoy revelando ningún detalle clave de esta película), ya que lo único que queda es convertirlo en una especie de Jason Voorhees, Michael Myers o Freddie Krueger; éste último es el que más se asemeja a El Raptor. Eso podría provocar risas involuntarias en el público, pero lo que evita eso es la interpretación de Hawke, quien resulta muy temible, a pesar de su poco tiempo en pantalla. Derrickson sabe que una película de violencia logra un toque siniestro en un entorno a bajas temperaturas, y utiliza elementos como el campamento, la nieve, la oscuridad y un efectivo lago congelado, por lo menos en las escenas de acción.

El problema es que ni el villano ni Finn son los protagonistas aquí, sino la hermana de este último. Ese personaje no logra del todo llevar adecuadamente el peso de la película, y es parte central de un conflicto muy menor en comparación con el de la primera cinta. Muchos pensarán que en un filme donde se muestran sueños éstos no serán memorables, pero aquí el efecto es lúgubre y misterioso, con imágenes de Super 8 que parecen sacadas de un trabajo de David Lynch. Esos detalles técnicos son los que compensan un argumento que pasa a ser deficiente en la recta final.

Mason Thames es uno de los actores más populares actualmente, pues también protagonizó la exitosa How To Train Your Dragon (no precisamente una de mis películas favoritas este año), y es improbable que regresara a una tercera parte de Black Phone, simplemente porque es una historia que ya no da más. Lo mismo para Ethan Hawke, a quien le gusta experimentar en filmes de diversos géneros, pero no con fórmulas muy comprobadas. Teléfono Negro 2 resulta atractiva para quienes vieron la primera parte, pero después se convierte en una serie de secuencias interesantes, más no memorables. El Raptor usa una máscara, por lo que muchos actores de Hollywood podrían interpretarlo. El problema es que para entonces el impacto ya se habría perdido por completo.

MUST MOVIES.- Tron: Ares (Disney) - CRÍTICA

Dirigida por Joachim Ronning; con Jared Leto, Jeff Bridges, Gillian Anderson, Evan Peters y Greta Lee. 119 mins. (Disney)

Por Julio Cortés

La tercera película en la saga de Tron tardó casi 12 años en llegar a los cines, y los problemas para que el proyecto fuera autorizado bien podría narrarse en un documental. Lo importante es que el filme finalmente se estrenó, dirigido por el noruego Joaquin Ronning y producido por Jared Leto, fan de la película original (de 1982) y quien lógicamente, al tener ese cargo, exigiría el papel principal.

La cinta cuenta la historia de un sofisticado programa de control maestro llamado Ares (Leto), que es enviado al mundo real desde el digital, en un proyecto planeado por Julian Dillinger (Evan Peters). Él presenta a Ares ante ejecutivos, ocultándoles que el programa sólo puede salir de la red durante 29 minutos. Mientras tanto, Eve Kim (Greta Lee), ejecutiva de la compañía ENCOM, estudia el sistema que trabajó Kevin Flynn (Jeff Bridges) hace cuatro décadas, descubriendo que el "código de permanencia" puede durar horas, lo cual podría utilizarse con fines benéficos y no perjudiciales, como los de su rival Dillinger.

Lo más impresionante en las películas de Tron es el diseño de producción; desgraciadamente en esta nueva aventura es poco el tiempo en el que se aprecia el "interior" de una computadora o del mundo virtual ("la red"). Aunque los personajes principales están muy bien delineados (y el guión adecuadamente se adapta a tendencias tecnológicas, con la fiebre por la Inteligencia Artificial), todo se centra en Ares, un programa que, a manera de un extraterrestre en la ciudad (la película está filmada en Vancouver), siente curiosidad por conocer el mundo y poco a poco intuye que hay algo siniestro en su creador. Ares (con la imagen que tiene Leto desde hace casi una década, con el cabello largo y barba) bien podría haber hecho equipo con el niño David de la cinta A.I. (cuyo título resultó algo profético).

Es notable el desempeño del departamento de diversidad, al haber en la película un elenco multiracial, pero hay algunos personajes no muy necesarios, especialmente Ajay (Hasan Minhaj) y Erin (Sarah Desjardins), expertos en tecnología y en presentar la nueva versión del videojuego Space Paranoids, creado desde hace más de 40 años por Kevin Flynn, a quien se le rinde culto como si fuera una especie de Stan Lee. Más interesante es el personaje de Gillian Anderson como la madre del villano Dillinger y por supuesto la aparición (breve, pero efectiva) de Jeff Bridges como Flynn, quien le ayuda a Ares a regresar al mundo real y con quien conversa acerca de la peligrosa obsesión con la tecnología, incluyendo lo que causa la música de Mozart y Depeche Mode. El guión de Jesse Wigutow suena algo forzado en cuestiones ténicas, pero efectivo para transmitir esa idea de lo orgánico sobre lo artificial.

En su recta final Tron Ares más bien se asemeja a películas como Independence Day o cualquiera de Marvel (eso sí, superando por mucho a la última de The Fantastic Four), pero su categoría como un filme de producción sofisticada  y su homenaje nostálgico a los 80s son innegables. Si a eso le sumamos un potente soundtrack que marca el regreso del grupo Nine Inch Nails (cuyos integrantes aparecen fugazmente en la cinta) tenemos un trabajo brillante y recomendable, aunque no tan impactante y trascendente como sus dos predecesores. En ese sentido, el esfuerzo de Leto por revalorar una de las sagas más atractivas de los estudios Disney valió la pena.

👌👌👌

(Fotografías: Cortesía Walt Disney Pictures)

MUST MOVIES.- Springsteen: Música de Ninguna Parte (20th Century Studios) - CRÍTICA

Dirigida por Scott Cooper; con Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Paul Walter Hauser y Odessa Young. 119 mins. (20th. Century Studios/Disney)

Por Julio Cortés

La fiebre por las películas biográficas comenzó en Estados Unidos hace ya siete años, con Bohemian Rhapsody. Pero hoy en día la promoción inicia prácticamente desde que se lleva a cabo el rodaje, con la posterior publicación de fotos en las que se aprecia cómo luce el proyecto. Si a esto se le suma alguna en la que el músico analizado aparezca (con su aprobación implícita), el primer paso para provocar el interés del público ya está dado. Pero la palabra final se da tras el estreno; es el momento de la verdad, y tras mucho preámbulo ya se ha dado a conocer Música de Ninguna Parte (Deliver Me From Nowhere), el esperado filme sobre Bruce Springsteen dirigido por Scott Cooper, responsable de cintas memorables, como Crazy Heart, Black Mass y Hostiles.

La película se centra en un período específico de la vida de Bruce Springsteen, tras la gira promocional del álbum doble The River de 1980. Fue entonces cuando el artista originario de New Jersey grabó Nebraska, un álbum atípico dentro de su discografía. Fuera del plan original -en el que Springsteen presentaría las canciones acompañado de su banda E Street- él decidió que Nebraska incluyera los demos originales, totalmente acústicos. El resultado fue una producción que sorprendió tanto a sus fans como a la crítica, muy alejada de las expectativas que tenía la disquera CBS.

"No se parece en nada" fue lo que escuche decir a una persona durante la proyección de Música de Ninguna Parte, refiriéndose al tipo físico del actor Jeremy Allen White (estrella de la popular serie de televisión The Bear) con el de Bruce Springsteen. Esa chica tenía razón, porque la elección de Allen White para interpretar al cantante apodado The Boss es uno de los tres defectos principales de la película. A pesar de ello, su trabajo es competente y no sería raro que resultara nominado al premio Oscar, pero más lo merecería Jeremy Scott (el actual fan del method acting), con el papel de Jon Landau, manager del artista y cuyas decisiones siempre han sido las adecuadas para anotarse éxitos en ventas con discos de contenido diverso, pero siempre brillante.

Los otros puntos negativos de la cinta son el no incluir en su totalidad el sonido original de las grabaciones del cantante, con el actor imitándolo (una tendencia que comenzó con Walk The Line, la película sobre Johnny Cash protagonizada por Joaquin Phoenix) y la invención de un personaje ficticio llamado Faye (Odessa Young), que no representa ni a la primera ni a la segunda esposa de Bruce, sino a la pareja que tuvo a principios de los 80s (la actriz Joycer Hyser, muy distinta físicamente a australiana Young). Y siendo honestos, la concepción, grabación, marketing y recepción del álbum Nebraska no fueron tan dramáticas, algo que Cooper exagera en el filme, dándole un panorama sombrío, con muchas escenas en la noche y una supuesta desesperación de Springsteen con la cual llega a pensar en el suicidio. Si bien él mismo expresó en su autobiografía los buenos resultados que le ha dado el tomar terapia, llevar ese tema a puntos extremos se orienta sólo a provocar interés y empatía en la vida de un artista que tuvo una infancia algo dura, pero con el rock como fuente de escape (las escenas en blanco y negro destacan por el trabajo del actor inglés Stephen Graham en el papel del padre de Bruce).

Lo acertado en la película es tanto la recreación de la época como el mostrar un lanzamiento muy sobrio para un disco de rock. Springsteen escribió varias de las canciones inspirado en los asesinatos cometidos por Charlie Starkweather, y aunque aparece que el cantante alquila una casa y ahí ve en la televisión la película Badlands (en la que se relatan los crímenes), lo cierto es que habló por teléfono durante varias horas con la periodista Ninette Beaver, autora del libro Caril, sobre la vida de Starkweather. Hay unas buenas secuencias en las que aparecen sesiones de grabación en Nueva York, con Bruce y la E Street Band interpretando la canción Born In The U.S.A. (que originalmente sería el tema de un filme con ese título, y que finalmente el director Paul Schrader llamó Light Of Day en 1987), y cómo Dennis King logró el masterizado perfecto para que el disco tuviera ese sonido rústico y fiel a los demos.

Aún así, las personas que esperaban ver una película sobre toda la vida de Bruce Springsteen quedarán desilusionadas, porque aquí sólo se muestra lo que sucedió a lo largo de un año; el título más adecuado hubiera sido Nebraska o bien The Making Of Nebraska. En el fondo, ese fue un álbum de transición, que dio pie a Born In The U.S.A., lanzado en 1984 y que es la verdadera obra maestra del cantante. Música De Ninguna Parte es una buena película, como lo es Let It Be de The Beatles, pero ese grupo contará próximamente con cuatro filmes que le harán honor a la vida de cada uno de sus integrantes, algo que The Boss sigue sin tener, ya sea en el género documental o en el dramático.

👍👍

(Fotografías: Cortesía 20th. Century Studios)

MUST MOVIES.- Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba - Castillo Infinito (Sony) - CRÍTICA

Dirigida por Hikaru Kondo y Haruo Sotozaki; con las voces de Zach Aguilar, Ryan Bartley, Natsuki Hanae, Griffin Burns y Akira hishida. 155 mins. (Sony Pictures)

Por Julio Cortés

Esta película es una de las más populares del año a nivel mundial, y en Estados Unidos se convirtió en el filme de anime más exitoso de la historia, tras recaudar en su primer fin de semana 70 millones de dólares. El verla en cine es una experiencia única, pero también frustrante, por una poderosa razón que se expone más adelante.

Siempre es de gran utilidad armar una sinopsis que exprese lo más claramente posible el argumento: la película nos muestra los esfuerzos de un grupo de jóvenes que conforman el Cuerpo de Cazadores de Demonios (una organización ignorada por el gobierno), en la Era Taisho de Japón. Destaca Tanjiro Kamado, quien se unió a éstos tras un duro entrenamiento, luego de que su familia fuera asesinada y que su hermana menor, Nezuko, fuera convertida en demonio. Tanjiro ha enfrentado a muchos, junto a Zenitsu Agatsuma e Inosuke Hashibira, además de hacer equipo con los Pilares (Hashira). Destacan Kyojuro Rengoku -Pilar de la Llama- en el Tren Infinito, Tengen Uzui -Pilar del Sonido- en el Distrito Rojo, Muichiro Tokito - Pilar de la Niebla- y Mitsuri Kanroji -Pilar del Amor-, ambos en la Aldea de los Herreros.

Mientras todos participaban en un entrenamiento especial para una batalla final, en la Mansión Ubuyashiki aparece Muzan Kibutsuji, lo cual pone al Cuerpo de Cazadores de Demonios en peligro. Tanjiro y los Pilares son arrastrados por Muzan hacia un espacio misterioso, y en el Castillo Infinito hay un enfrentamiento final, en el que los cazadores pondrán a prueba todos sus conocimientos para vencer a los despiadados demonios.

Esta cinta es la cuarta basada en el exitoso manga Infinity Castle; los otros filmes fueron estrenados en 2020, 2023 y 2024, con varias interesantes estrategias de marketing en Japón. Todas se basan en la popular serie de televisión de anime, producidas por el estudio de animación Ufotable y con los dibujos de Koyoharu Gotouge, primer artista de manga en figurar en la lista anual de la revista Time de las 100 personas más influyentes. La animación de la película es mucho más sofisticada que la de la serie de televisión, con efectos más espectaculares e imágenes más coloridas (más de 20 podrían conformar un cuadro, para colgarlo como una obra de arte en la sala de una casa). Desde el principio hay una violencia extrema que deja corto el contenido de cualquier filme de Takashi Miike y a la clasificación NC-17 como algo light: hay cabezas cortadas, katanas clavadas en ojos y sangre expuesta en la mayoría de las escenas. Esto último lo expongo como una observación y no como una crítica; la película es para adultos, y pude ver afuera del cine la negativa expresa que le daban a la familia de un niño que deseaba ingresar a ver el filme.

Es común ver aquí secuencias en cámara lenta y el iris de los ojos de los personajes principales temblar, escuchar monólogos internos y frases como "respiración de trueno", "respiración de agua" y términos como "rango superior" y "mundo transparente". Los gritos de los encargados del doblaje parece que pudieran provocarles una hernia por su esfuerzo, lo cual no demerita su buen trabajo. Los villanos realmente son temibles y casi invencibles; particularmente causaron temor en mí uno llamado Doma, otro con el look de Wolverine llamado Taigaku, y el más fuerte, Akaza, con líneas tatuadas en su rostro. La cinta cuenta con el máximo de intensidad desde la primera secuencia hasta la canción de Lisa en los créditos finales, pero todo eso no puede ocultar su principal defecto, algo imperdonable en un trabajo de este rango: no hay un texto introductorio, ni una explicación de la historia de los personajes, del conflicto principal, ni de lo que se va a ver en pantalla. Si el enigma presente en las 10 o más recientes películas del Universo Marvel radica en tener que ver previamente series de televisión y filmes pasados, el omitir ese detalle en esta película de Kondo y Sotozaki parace tanto una broma cruel como una exclusión para el espectador neófito en la obra de Gotouge. 

Aún así, la película funciona, pero debe de verse en este contexto más como una serie de viñetas (a lo Heavy Metal) con distinta potencia, logrando que uno se interese en los personajes (la última, altamente dramática, tiene una fuerza singular que logra conmover al público). Demon Slayer: Castillo Infinito es una obra maestra en el campo de la animación, y aunque en su narrativa tiene muchos tropiezos, su impacto como espectáculo visual hará que muchas escenas permanezcan en tu mente durante días, quizás semanas o meses. Y eso es un gran cumplido.

👍👍👍

(Fotografías: Cortesía Sony Pictures)

MUST MOVIES.- Una Batalla Tras Otra (Warner Bros.) - CRÍTICA

Dirigida por Paul Thomas Anderson; con Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio del Toro y Chase Infiniti. 162 min. (Warner Bros. Pictures)

Por Julio Cortés

Siempre es bienvenido el trabajo conjunto entre un gran director y un gran actor, por lo que de alguna manera, cuando se anunció que Paul Thomas Anderson y Leonardo DiCaprio se encontraban en el rodaje de Una Batalla Tras Otra (One Battle After Another), era fácil predecir que la película sería trascendente. Al igual que otros realizadores como David Fincher y Darren Aronofosky (que involuntariamente "garantizan" nominaciones para los actores de sus filmes), Anderson presenta en su décima cinta una adaptación muy libre de la novela Vineland de Thomas Pynchon, centrada en la frontera de Estados Unidos y México.

DiCaprio interpreta a Bob Ferguson, un revolucionario fracasado en un constante estado de paranoia por culpa de las drogas. Vive con su hija Willa (Chase Infinity) desde que la madre de ésta, Perfidia (Teyana Taylor) los abandonó. Un día, Bob (quien en su juventud fue conocido como Pat Calhoun, líder del grupo terrorista French 75) descubre que Willa ha desaparecido, pero también que su antiguo enemigo, el coronel Steven J Lockjaw (Sean Penn), está persiguiéndolo, por lo que el ex radical se decide a rescatar a su hija, al mismo tiempo que lidia con las consecuencias de su pasado.

Como en todas sus películas, Paul Thomas Anderson maneja el argumento para que sea visto en dos niveles: una crítica social a varios temas y una historia entretenida, lo suficientemente atractiva para causar curiosidad en el público. En este filme Leonardo DiCaprio tiene otro personaje intenso, en la misma línea de los que ah interpretado en The RevenantShutter IslandThe Departed y Blood Diamond. Ferguson es un hombre con fuertes conflictos internos, de la misma forma que el militar interpretado por Sean Penn, quien siente una atracción sexual por Perfidia (una afroamericana), pero no se atreve a revelarlo cuando es invitado a formar parte de los Christmas Adventurers, un club cuyos integrantes promueven la supremacía blanca. Los años pasan y el coronel encargado de atrapar inmigrantes está empecinado en encontrar a Bob (cuyo nombre verdadero es Pat Calhoun, de sus tiempos como terrorista), pero su verdadero objetivo es que le entregue a esa mujer.

Un punto siempre importante es que los personajes resulten interesantes, y hay varias secuencias largas muy efectivas. Una se desarrolla en una carretera, con cuatro autos; otra muestra a Bob desde que contacta al profesor de karate de Willa hasta que huye con un grupo de inmigrantes por los techos de unas casas, para al final ser capturado (con ello no estoy revelando ningún punto clave en el argumento), y es única la escena en la que Lockjaw hace uso de un equipo portátil para pruebas de ADN. 

Benicio del Toro, James Raterman, Tony Goldwyn y John Hoogenaker tienen sólidos papeles de reparto, y Anderson presenta de nuevo a sus colaboradores habituales Alana Haim y Jonny Greenwood, aunque la pretenciosa música de este último resulta una distracción y tal vez el único detalle malo del filme. En el fondo, Una Batalla Tras Otra es una película de acción que trata acerca de un padre que lucha por salvar a su hija secuestrada, pero la profundidad en la que se presenta el conflicto es lo que reafirma el rango excepcional de Paul Thomas AndersonEsta es una de las mejores películas del año.

Nota: Una Batalla Tras Otra podría obtener unas ocho nominaciones al premio Oscar el año próximo, pero algo curioso es el tiempo que Leonardo DiCaprio y Sean Penn ocupan en pantalla; sus personajes son igual de importantes, aunque no se puede negar que es Leonardo la estrella principal de la película. Si ambos artistas resultaran nominados, lo más adecuado es que estuvieran compitiendo en la misma categoría (Mejor Actor).

👌👌👌👌

(Fotografías: Cortesía Warner Bros. Pictures)

MUST MOVIES.- El Conjuro 4: Últimos Ritos (Warner Bros.) - CRÍTICA

Dirigida por Michael Chaves; con Patrick Wilson, Vera Farmiga, Mia Tomlinson y Ben Hardy. 135 min. (Warner Bros. Pictures)

Por Julio Cortés

La saga de películas de terror de El Conjuro (The Conjuring) comenzó en 2013, y nadie se imaginaba que el primer filme iba a tener tanto dos secuelas -estrenadas en 2016 y 2021- como dos spin offs: Annabelle y La Monja (The Nun). Las cintas están basadas en hechos aparentemente reales, y muestran los casos investigados por Ed y Lorraine Warren, expertos en situaciones paranormales, interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga. Ahora por fin se estrena una cuarta película de la serie, Últimos Ritos (Last Rites), que sigue en la misma línea y que provocará mucha curiosidad entre los fans.

Esta cuarta parte comienza con un vistazo a la experiencia que Ed y Lorraine tuvieron en 1964, durante el nacimiento de su hija Judy (Mia Tomlinson). Después se  muestra una serie de eventos que suceden en 1986, en el interior de la casa de la familia Smurl, originarios de Pensilvania. Los Warren viajan hasta allá y descubren que en el lugar se cometieron una serie de crímenes; al mismo tiempo ellos preparan la boda de Judy, quien se da cuenta que tiene habilidades psíquicas.

Aunque los fans de estas películas han visto todas y seguramente irán al cine para adentrarse en este caso, una de las ventajas de los filmes de El Conjuro es que puedes ver tan sólo un filme y no será necesario conocer las otras cintas de la saga. Siempre se presenta un texto que explica los pormenores del argumento y lo que les espera a "los famosos investigadores de lo paranormal", lo cual ayuda mucho. Hay muchos efectos especiales, escenas de acción, objetos que se mueven, exorcismos, pero siempre un final feliz y conmovedor; esa fue la fórmula que aprovechó el director australiano James Wan, haciendo los argumentos un tanto más light y logrando que los espectadores tengan empatía con los personajes. Fue a partir de 2021 cuando él decidió fungir como productor de estos filmes, seleccionando a Michael Chaves para que los dirigiera.

Esta es una -aparente- despedida de estos personajes al público, y debido a ello se le da más importancia a los conflictos de los Warren que de los Smurl. Si las anteriores tres películas de la saga eran en los años 70, ahora Chaves logra bien ambientar todo en 1986, con el caso cubierto en un principio por la prensa, pero después ignorado por sus detalles oscuros. Vera Farmiga y Patrick Wilson están de nuevo muy bien como la pareja protagonista, pero lo malo es que se han encasillado en esos roles. Un punto a favor es el trabajo de la debutante  Tomlinson y de Ben Hardy, como la hija y el yerno en la familia; ambos son el ancla por si llega a haber una secuela más, con otra pareja de investigadores.

En cada caso que investigan, Ed y Lorraine Warren guardan en su casa un objeto que provoca el conflicto en cuestión; ahora es un espejo, pero también hay detalles siniestros, como una anciana de aspecto aterrador, un muñeco vestido de rojo con movimientos extraños y un tipo que más bien se parece a Marilyn Manson. Los últimos 20 minutos de El Conjuro 4: Últimos Ritos cuentan con un ritmo vertiginoso y sustos por todos lados. No es un filme indispensable, pero sí recomendable para los fans del género, quienes también reconocerán la aparición fugaz de actores y actrices de las tres primeras cintas, como Lili Taylor, Mackenzie Foy, Frances O'Connor y Julian Hilliard. Con esto queda comprobado que el terror predomina en los blockbusters de 2025.

👍👍

(Fotografías: Cortesía Warner Bros. Pictures)