Dirigida por Sébastien Vanicek; con Souheila Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan y Erroll Shand. 109 mins. (Sony Pictures)
Por Julio Cortés
La saga-reboot de Evil Dead cuenta con su extenso número de fans cautivos, quienes siempre han estado preparados para ver cintas que se asemejan a las películas de 1981 y 1987 en cuanto a la raíz del argumento, pero la hechura de los filmes estrenados en 2013, 2023 y 2026 es distinta, tanto por el estilo de los directores seleccionados como por eliminar humor negro en la historia, lo que provoca un efecto más violento, sangriento, terrorífico y tenso en el espectador. El más reciente ejemplo es Evil Dead En Llamas (Evil Dead Burn), que marca el debut en Hollywood para el director francés Sébastien Vanicek, quien obtuvo excelentes críticas hace tres años por la cinta Infested.
Alice Price (Souheila Yacoub) acaba de perder a su esposo, y tras el funeral de éste busca consuelo con sus suegros en una aislada casa familiar. Sin embargo, cada uno de ellos comienza a ser poseído por el demonio, hasta convertirse todos en Deadites a causa de las maldiciones en el Libro de los Muertos. Así, Alice cuenta con poco tiempo para salvar su vida, aunque ello implica eliminar a los demás.
La base de la trama del Evil Dead de 1981 está presente en todas las secuelas: los personajes principales tienen contacto con un muerto (o Deadite) que ha sido expuesto a la maldición, y lo que sigue es pasar a través de heridas -cual juego de encantados o zombies- la furia o el deseo de matar, tras ser poseídos. Lo que cambia es el entorno, que por lo regular es una casa situada en un lugar lejano, o un inmueble totalmente claustrofóbico. Es curioso que el efecto que utilizó el director Sam Raimi en el filme original (una toma a ras de suelo, en la que el camarógrafo corre para simular que el espíritu maligno se desplaza rápidamente) sigue siendo el mismo, y con drones no sería tan tétrico. Lo que sucede aquí es que los filmes van volviéndose más brutales y sangrientos, toda una prueba de resistencia para el espectador, al más puro estilo del cine de horror de los setentas.
Este director Vanicek es un tipo realmente talentoso, porque pone atención al más mínimo detalle, que provoque los impactos visuales deseados. Hay varias secuencias aterradoras y violentas: una que involucra a dos pescadores, otra que sucede al interior de un auto y una al interior de la casa, que comienza en las escaleras y termina casi en la cocina. Si hay un personaje que se pueda catalogar como el más temible del filme, es el padre de la familia (Erroll Shand), pero la bella Souheila Yacoub es memorable en el rol estelar. Siempre en este tipo de películas llega un momento en el que la heróina se arma de valor, y como por arte de magia adopta un comportamiento salvaje, que es lo único que puede salvarla; pero también, en segundos, se vuelven expertas con armas y herramientas, en este caso una sierra eléctrica. En todas las muertes, torturas y mutilaciones se nota que Vanicek tiene influencia de directores como Alexandre Aja, Gaspar Noé, Fabrice Du Welz y Eli Roth (el de la primera estapa, con Cabin Fever, no con Hostel). Evil Dead En Llamas es, sin duda, el estreno más extremo de este verano, tomando en cuenta que es una producción de un gran estudio.
Durante la proyección, pude ver que seis personas se salieron de la sala, porque no soportaron tal nivel de violencia; eso no lo notaba desde que vi en cine Frontier(s), otra película de horror bastante intensa. No los juzgo, porque aún con ese nivel de brutalidad, Evil Dead En Llamas no es la mejor cinta de esta saga-reboot; Evil Dead Rise (de 2023) permanece como la más efectiva hasta ahora.Todo eso lleva a la pregunta primordial: ¿Recomiendo verla? Sí, pero sólo a los grandes seguidores de Evil Dead. Aquí no hay descanso para el espectador dentro del caos que se expone, ni bromas que de una u otra forma suavicen la situación, por lo que hasta los fans de Terrifier, Obsession o Weapons deben de guardar distancia, o proceder con precaución. Tal vez esa era la idea de este director, a quien no hay que perderle la pista.
(Fotografías: Cortesía Sony Pictures)
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