Dirigida por Travis Knight; con Nicholas Galitzine, Jared Leto, Idris Elba, Camila Mendes y Alison Brie. 140 mins. (Sony Pictures)
Por Julio Cortés
Es curioso, pero muchas películas de ciencia ficción, basadas en caricaturas, en comics o en videojuegos fueron completamente vapuleadas por el público, u olvidadas. Las nuevas generaciones ignoran de su existencia. Hay varios ejemplos: Captain America (no, no la de Chris Evans), The Lone Ranger (no la de Armie Hammer) y Super Mario Bros. (con John Leguizamo). Pero en 1987, la cinta Masters Of The Universe, con Dolph Lundgren, corrió con la misma suerte que The Ewok Adventure o Labyrinth (esta última actualmente un cult classic); el proyecto de llevar nuevamente a la pantalla grande el personaje de He-Man comenzó hace casi diez años, y conllevó cambios de guionistas, actores y directores. Para los estudios, ya no importa que el actor principal tenga poca o mucha experiencia, siempre y cuando cuente con cierta personalidad, pues la prueba de fuego es no encasillarse en el papel. Nicholas Galitzine protagoniza Amos Del Universo (Masters Of The Universe), que es otra de las superproducciones con la que comienza un verano devastador, en cuanto a competencia de filmes se refiere.
En la película, Adam Glenn (Galitzine) es un joven que vive en Oklahoma, luego de que se le trasladó ahí desde que era niño, con el objetivo de salvar su vida. Él es en realidad el príncipe del reino de Eternia, y tiene muy claros sus recuerdos de cuando estuvo ahí. Pero también se le dio la Espada del Poder, que se perdió cuando llegó a la Tierra. Adam se dedica a buscar el arma, y tras encontrarla, es atacado por uno de los sirvientes del malvado Skeletor. Pero al mismo tiempo llega Teela (Camila Mendes), una guerrera a quien el joven conoce desde años atrás. Así, Adam viaja con ella a Eternia para salvar a su familia y enfrentar a Skeletor (quien se distingue por tener su cráneo descarnado).
Uno de los principales problemas con las películas de este tipo es que, si es que llega a hacerse una secuela, la primera parte debe de narrar los orígenes del personaje principal. La introducción no debe llevarse mucho tiempo, pero ¿45 minutos dedicados a eso, exponiendo a Adam como un perdedor -más que Eddie Brock en Venom- en una oficina? El director Travis Knight intenta mantener esa combinación de ciencia ficción con aventuras de hechiceros y espadas que se manejó muy bien en la serie de dibujos animados de 1983, pero pareciera insistir en que este filme debe de tener a la fuerza decenas de personajes innecesarios, a manera de superhéroes, como en Guardians Of The Galaxy, en la película más reciente de Superman, en Deadpool & Wolverine o en X-Men. No, He-Man y Skeletor no son mutantes; son los dos personajes principales aquí, y eso debía de respetarse, pero en aras de una saga a-lo-Marvel y a-lo-DC falla todo el clímax de la cinta.
En cuanto a las actuaciones, Nicholas Galitzine logra un personaje agradable y valiente; Idris Elba está bien como Man-At-Arms (aunque ciertos detalles inventados por los guionistas son cuestionables), la bella Camila Mendes se defiende como Teela, y no hay que olvidar a Alison Brie como la sexy villana Evil-Lyn. El gran show aquí es Jared Leto, quien de forma hábil da en el punto exacto del carácter malvado de Skeletor, sin perder sus diálogos humorísticos. La música es de Daniel Pemberton, pero hay un colaborador especial: Brian May, guitarrista del grupo Queen y experto en cintas con este efecto kitsch. Su inimitable sonido está presente a lo largo de muchas escenas, pero un grave error de él y Pemberton es incluir en una secuencia el tema Princes Of The Universe, del filme Highlander, de 1986. Irrumpir con una canción que fue usada en cine para un contexto completamente diferente es como si en Twilight se usara la balada My Heart Will Go On, de Titanic. En sí, un efecto negativo...y hasta bizarro.
Hay un buen detalle con la aparición fugaz de Lundgren, y las escenas adicionales tras los créditos son adecuadas para dar continuidad a la historia. Se nota que Travis Knight estudió a fondo el concepto visual de los dibujos animados de He-Man para trasladarlo a cine, con sus colores chillantes, rocas de utilería y, por supuesto, la pantalla verde como principal herramienta para paisajes. Amos Del Universo es una película orientada especialmente al público infantil, más que a los fans apasionados. Con el tiempo pasará a ser una cinta no muy memorable, tal y como varias de las que mencioné al principio de esta crítica. Pero el verla me dio la fuerza necesaria, y con bases, para hacer una advertencia a los detractores de un filme de 1980, lo cual siempre había querido escribir: nunca, pero nunca, vuelvan a hablar mal de Flash Gordon.
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(Fotografías: cortesía Sony Pictures)


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