Dirigida por David Frankel; con Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Kenneth Branagh y Justin Theroux. 119 mins. (20th. Century Studios)
Por Julio Cortés
Durante años, Meryl Streep y Anne Hathaway se negaron a trabajar en una secuela de The Devil Wears Prada, en parte debido a que su convivencia no había sido la mejor durante el rodaje, pero también por otros compromisos. La película se convirtió en un éxito mundial, pero nadie pensaba que iba a quedarse en el gusto del público femenino; tiene un culto mayor que el de cintas como Legally Blonde o Bridget Jones's Diary. Pero en los últimos años, con la aparición de otras segundas partes de famosos filmes, el proyecto de El Diablo Viste a La Moda 2 (The Devil Wears Prada 2) fue concretándose poco a poco, reuniendo al elenco original, al director David Frankel e incluso a la guionista Aline Brosh McKenna.
La película nos muestra de nuevo a Andy Sachs (Anne Hathaway), quien hace 20 años trabajó para Miranda Priestly (Meryl Streep); ésta continúa como editora en jefe de la revista de moda Runway. Andy se ha convertido en una reconocida periodista, pero luego de quedarse sin trabajo, es contratada por Irv Ravitz (Tibor Feldman), propietario de la compañía en cuyas marcas figura Runway, ya que está interesado en que Andy sea una de las editoras, pero Priestly no lo sabe.
Han pasado dos décadas desde que The Devil Wears Prada se estrenó, y tanto el mundo de la moda (pasarelas, alfombras rojas en entregas de premios y hasta la Met Gala) como las formas de promoverlo han cambiado mucho. Esta secuela comienza bien, dando un panorama muy distinto en cuanto a la situación de la revista (ficticia) Runway. El personaje de Stanley Tucci, Nigel Kipling, le comenta varias cosas interesantes a Andy: la publicación ya no cuenta con gran tiraje, la gente quiere verla rápidamente, pero sólo en Internet, y lo que tiene prioridad ahora son las redes sociales, los likes, y sobre todo, los patrocinadores. Eso pone en problemas a Miranda, ya que cuando está por obtener un ascenso Ravitz muere, dejando a cargo a su heredero Jay (B.J. Novak, luciendo igual que en Inglorious Basterds). Priestly se ve obligada a no tener los lujos que se daba (y que eran gratis, por supuesto), pero ni ella, ni Kipling ni Emily Charlton (Emily Blunt) ponen sus barbas a remojar por sus empleos. A partir de ahí, el conflicto principal se vuelve algo muy frívolo y con poco drama.
Nadie duda que McKenna trabajó mucho en el guión, inventando entre varios personajes conflictos que no llegan a ser traiciones, así como negociaciones demasiado que, por lo menos ahí, son muy fáciles de concretarse. Los roles de Lucy Liu y Kenneth Branagh son incluidos a la fuerza, así como una aparición de Lady Gaga y los amigos -periodistas- de la protagonista, los cuales no llegan a crear empatía con el espectador. Naturalmente (y con una carrera de más de cuatro décadas) Meryl Streep puede hacer este trabajo con la mano en la cintura, pero si algo la distinguía en la primera parte era su actitud tiránica. Ahora su vulnerabilidad es un pretexto para darle ese baño de justificaciones a su personalidad, como ha sucedido en películas centradas en villanas como Cruella de Ville, Maléfica o Harley Quinn, por lo que aquí también entra lo caricaturesco.
Debo admitir que, al igual que con muchas otras películas, cuando hace 20 años salí de ver El Diablo Viste a La Moda no imaginaba que iba a tener tanto éxito. Nunca ha sido una de mis cintas favoritas, pero también reconozco que lo que encantó al público (sobre todo a las chicas), más allá del ambiente fashion que mostraba, era que, en el fondo, el filme mostraba a una persona que se enfrentaba a una jefa opresiva y déspota, saliendo airosa de situaciones adversas (ahora le llaman resiliencia). Eso era adaptable y atemporal; su principal atractivo. Las situaciones expuestas en El Diablo Viste a La Moda 2 son más de fantasía, con muy pocas probabilidades de suceder, a todos los niveles. En ese sentido, esta secuela es superficial, pero una cosa es segura: junto a la segunda parte de Freaky Friday (por la que muchos esperaron 22 años), ésta es más respetable, por lo menos en glamour.
👋👋
(Fotografías: Cortesía 20th. Century Studios)


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