En cuanto a los ex integrantes del grupo One Direction, Niall Horan siempre ha sido el que en plan solista ha tenido más definido su estilo musical. Harry Styles es más arriesgado y se dedica a experimentar en cada álbum ciertas tendencias, mientras que Zayn Malik y Louis Tomlinson no cuentan en sus producciones con un objetivo muy definifido. En su cuarto disco, Horan sigue en el pop, pero a veces es demasiado sentimental; eso no le resta calidad, porque lo comercial no significa malo. Al igual que varios de sus compañeros, la obsesión por la banda Oasis es evidente en un track -Tastes So Good-, lo cual contrasta con una abundancia de temas pop, como She Gets It From Her Mother, Better Man y Flowers. Uno de sus puntos débiles son las letras, pero el cantante irlandés logra, como siempre, algunas canciones muy agradables, como la que da título al álbum, Monochromatic y Boys Are Fun (definitivamente la mejor). Dinner Party tiene un exceso de baladas y está especialmente dirigido a las fans de Niall Horan, pero éste sabe perfectamente que está entregándoles una colección de canciones bien hechas. Quizá no son muy trascendentes, pero él mismo conoce sus talentos y limitaciones. Recomendable.
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