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MUST MOVIES.- Los Ilusionistas 3 (Corazón Films) - CRÍTICA

Dirigida por Ruben Fleischer; con Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Dave Franco, isla Fisher y Rosamund Pike. 112 mins. (Corazón Films)

Por Julio Cortés

La película de 2013 Now You See Me contaba con un argumento atractivo, por lo menos al leerlo: un grupo de ilusionistas se dedican a robar bancos durante sus presentaciones, y recompensan al público asistente con el botín. Pero el filme en sí no era muy trascendente o emocionante. Sin embargo, tuvo una secuela en 2016, igual de tibia en intensidad, pero que demostró que había cierto número de seguidores a las aventuras de esos magos, interpretados por buenos actores, como Jesse Eisenberg, Woody Harrelson y Dave Franco. Casi diez años tuvieron que pasar para que ahora llegue a los cines una nueva cinta en la serie, Los Ilusionistas 3 (Now You See Me: Now You Don't), la cual, sin duda, es la más entretenida.

Daniel Atlas (Eisenberg), Merritt McKinney (Harrelson), Jack Wilder (Franco) y Henley Reeves (Isla Fisher), ilusionistas conocidos como Los Cuatro Jinetes, son reclutados nuevamente para una misión compleja. Ahora deben infiltrarse en una compañía minera para robar un diamante que está en poder de Veronika Vandenberg (Rosamund Pike) y exponer la corrupción de ésta. Pero además, Daniel, Merritt, Jack y Henley deberán de trabajar con Charlie (Justice Smith), Bosco (Dominic Sessa) y June (Ariana Greenblatt), quienes conforman una nueva generación de ilusionistas.

Esta película es una mezcla de las secuelas de la saga de Ocean's Eleven (protagonizadas por George Clooney y Brad Pitt) y las de The Fast And The Furious (con Vin Diesel). Las nuevas generaciones no están obligadas a conocer esos filmes, pero describiré aquí la fórmula: en cada cinta de la serie que se va estrenando, al elenco principal -de dos o tres actores- se le van agregando integrantes. El presupuesto aumenta, y con ello las misiones de la banda generalmente son en países más lejanos y exóticos. El toque final es un villano -o villana- que se luce con sus fechorías, y en algunas ocasiones resulta ser un pariente -lejano o cercano- a uno de los protagonistas. Con algunas retorceduras, esa receta no falla para las superproducciones del verano o el otoño.

Lo que hace buena a Los Ilusionistas 3 es que Los Cuatro Jinetes no son odiosos, sino desenfadados. Vestidos elegantemente, nunca caen en la violencia, sino que recurren a sus trucos para enfrentar los obstáculos que se les presentan (en esta ocasión les hacen ver su suerte en un gigantesco tanque de agua). Morgan Freeman aparece como Thaddeus Bradley, el mentor en la sociedad secreta The Eye, y su personaje trata de disimular la ausencia por el que hacía Michael Caine (un actor actualmente retirado). Isla Fisher siempre luce muy bella, pero quien resulta irresistible es Pike, decidida a quedarse con un gigantesco diamante, ignorando una sorpresa que le tiene uno de los magos. La escena en la que ella aparece con Harrelson en un cuarto de interrogatorios es emocionante y efectiva.

El director Ruben Fleischer ya había trabajado con Woody Harrelson en las excelentes cintas Zombieland y Zombieland: Double Tap, pero aquí logra que la película corra rápido, sin ningún momento aburrido (tal vez el único punto negativo sean los nuevos personajes, un tanto arrogantes y verdes en cuanto a experiencia junto a Los Cuatro Jinetes). Lo mejor de Los Ilusionistas 3 es un detalle en el que decenas de realizadores no se fijan desde hace más de dos décadas: el que cualquier persona que vea esta cinta, sin conocer los dos primeros filmes de la saga, entienda perfectamente el argumento. En una época en la que las producciones de Star Wars, Disney, Dreamworks y Marvel resultan incomprensibles sólo si uno ve una cantidad considerable de filmes previos y series en streaming, lo que se ofrece aquí resulta más que un respiro de alivio para el espectador casual.

👍👍👍

Fotografías: Cortesía Corazón Films

MUST MOVIES.- Depredador: Tierras Salvajes (20th Century Studios) - CRÍTICA

Dirigida por Dan Trachtenberg; con Elle Fanning, Dimitrius Schuster-Koloamatangi y Reuben de Jong. 107 mins. (20th. Century Studios)

Por Julio Cortés

Hace 30 años nadie hubiera imaginado que después de dos películas el personaje del Depredador tuviera potencial para un puñado de filmes que han tenido éxito variable en las taquillas. La combinación de violencia y ciencia ficción a-lo-Alien comenzó en 1987, en esa cinta protagonizada por Arnold Schwarzenegger cuyo plan de marketing era nunca presentar al monstruo, hasta que los espectadores quedaran impactados con su fealdad al verlo en la sala de cine. Ahora llega Depredador: Tierras Salvajes (Predator: Badlands), uno de los grandes estrenos del otoño que nadie pedía -y, por ende, nadie esperaba-, pero que podría dar paso a una nueva saga.

La película nos muestra a Dek (Dimitrius Schuster-Koloamatangi), un joven Depredador exiliado, quien forma una rara alianza con Thia (Elle Fanning), una androide construida por la corporación Weyland-Yutani. Ambos se embarcan en un peligroso viaje por el planeta Genna para enfrentarse a una criatura llamada Kalisk, lo que pone a prueba la confianza entre ellos, pero lo que ignoran es que Tessa (también Fanning), otro androide que es considerado la hermana de Thia, se dirige a Genna para atrapar al Kalisk y a todo aquél que sea un obstáculo en su misión. 

Dan Trachtenberg es el responsable de este filme, y tiene experiencia en el tema, tras dirigir en 2022 Prey, una película de buena manufactura que mostraba el enfrentamiento de una mujer primitiva contra el alienígena. El Depredador de Tierras Salvajes (adecuadamente interpretado por el neozelandés Koloamatangi) ve morir a su hermano a manos de su padre, y desde ahí se logra que el público sienta empatía con el personaje, que resalta su lado emotivo. Su interacción con la androide al principio es agresiva, pero con el tiempo se forma un vínculo entre ellos.

El guión de Patrick Aison logra un comparativo muy interesante, al exponer tanto la relación de Dek con sus familiares como la de Genna -una "hermana" alegre y compasiva- con Thia -fría y celosa en su misión de capturar a cuantas criaturas se encuentre-. Es difícil ver a la siempre joven Fanning en este tipo de filmes, y aquí aparece en un doble papel, dando muestra una vez más de su talento (el peinado de Thia es muy parecido al que Elle lució en la película Babel). La atmósfera apocalíptica está llena de tensión, como esos episodios de la serie The Mandalorian en los que los villanos son realmente peligrosos y no tienen piedad por nadie.

Varias escenas cuentan con espectaculares efectos especiales, y en el clímax de la historia hay peleas dignas de un personaje de este tipo (después de todo, uno de esa especie se enfrentó contra el Xenomorfo de Alien en la película de 2007). Una criatura llamada Bud me resultó un tanto innecesaria y desagradable, pero eso se puede perdonar en un filme que se centra en su género, y en el que el director tiene muy bien planteada la cantidad -e intensidad- de acción y drama que va a presentar. Depredador: Tierras Salvajes provoca que uno se interese en los conflictos de sus personajes principales, y eso es un plus que siempre se agradece.

👍👍👌

Fotografías: Cortesía 20th Century Studios

MUST MOVIES.- Teléfono Negro 2 (Universal) - CRÍTICA

Dirigida por Scott Derrickson; con Ethan Hawke, Mason Thames, Madeleine McGraw, Jeremy Davies y Demián Bichir. 114 mins. (Universal Pictures)

Por Julio Cortés

Hace cuatro años la película The Black Phone resultó un éxito sorpresivo, en gran parte porque era bien dirigida por Scott Derrickson y mostraba un perfil poco conocido del actor Ethan Hawke, como un temible villano enmascarado llamado The Grabber (El Raptor), que secuestra niños, entre ellos Finn (Mason Thames). Era lógico que los buenos resultados en taquillas de ese filme -un thriller con toques sobrenaturales y violencia psicológica- dieran pie a una secuela, Teléfono Negro 2 (Black Phone 2), en la que regresan las estrellas principales, aunque el resultado ahora al salir del cine es bastante distinto.

Thames vuelve a interpretar a Finn, un joven que ahora tiene 17 años y que lucha por sobrellevar su vida después de haber acabado con El Raptor. La hermana de Finn, Gwen (Madeleine McGraw), comienza a recibir llamadas en sus sueños a través del teléfono negro y a tener visiones de tres niños acechados en el campamento de invierno Alpine Lake. Así, Finn y Gwen se deciden a resolver el misterio, pero descubren que El Raptor resulta ser más importante para ellos de lo que jamás imaginaron.

No es muy difícil planear el argumento de una secuela que muestra a un personaje que murió en el filme original (y con ello no estoy revelando ningún detalle clave de esta película), ya que lo único que queda es convertirlo en una especie de Jason Voorhees, Michael Myers o Freddie Krueger; éste último es el que más se asemeja a El Raptor. Eso podría provocar risas involuntarias en el público, pero lo que evita eso es la interpretación de Hawke, quien resulta muy temible, a pesar de su poco tiempo en pantalla. Derrickson sabe que una película de violencia logra un toque siniestro en un entorno a bajas temperaturas, y utiliza elementos como el campamento, la nieve, la oscuridad y un efectivo lago congelado, por lo menos en las escenas de acción.

El problema es que ni el villano ni Finn son los protagonistas aquí, sino la hermana de este último. Ese personaje no logra del todo llevar adecuadamente el peso de la película, y es parte central de un conflicto muy menor en comparación con el de la primera cinta. Muchos pensarán que en un filme donde se muestran sueños éstos no serán memorables, pero aquí el efecto es lúgubre y misterioso, con imágenes de Super 8 que parecen sacadas de un trabajo de David Lynch. Esos detalles técnicos son los que compensan un argumento que pasa a ser deficiente en la recta final.

Mason Thames es uno de los actores más populares actualmente, pues también protagonizó la exitosa How To Train Your Dragon (no precisamente una de mis películas favoritas este año), y es improbable que regresara a una tercera parte de Black Phone, simplemente porque es una historia que ya no da más. Lo mismo para Ethan Hawke, a quien le gusta experimentar en filmes de diversos géneros, pero no con fórmulas muy comprobadas. Teléfono Negro 2 resulta atractiva para quienes vieron la primera parte, pero después se convierte en una serie de secuencias interesantes, más no memorables. El Raptor usa una máscara, por lo que muchos actores de Hollywood podrían interpretarlo. El problema es que para entonces el impacto ya se habría perdido por completo.

MUST MOVIES.- Tron: Ares (Disney) - CRÍTICA

Dirigida por Joachim Ronning; con Jared Leto, Jeff Bridges, Gillian Anderson, Evan Peters y Greta Lee. 119 mins. (Disney)

Por Julio Cortés

La tercera película en la saga de Tron tardó casi 12 años en llegar a los cines, y los problemas para que el proyecto fuera autorizado bien podría narrarse en un documental. Lo importante es que el filme finalmente se estrenó, dirigido por el noruego Joaquin Ronning y producido por Jared Leto, fan de la película original (de 1982) y quien lógicamente, al tener ese cargo, exigiría el papel principal.

La cinta cuenta la historia de un sofisticado programa de control maestro llamado Ares (Leto), que es enviado al mundo real desde el digital, en un proyecto planeado por Julian Dillinger (Evan Peters). Él presenta a Ares ante ejecutivos, ocultándoles que el programa sólo puede salir de la red durante 29 minutos. Mientras tanto, Eve Kim (Greta Lee), ejecutiva de la compañía ENCOM, estudia el sistema que trabajó Kevin Flynn (Jeff Bridges) hace cuatro décadas, descubriendo que el "código de permanencia" puede durar horas, lo cual podría utilizarse con fines benéficos y no perjudiciales, como los de su rival Dillinger.

Lo más impresionante en las películas de Tron es el diseño de producción; desgraciadamente en esta nueva aventura es poco el tiempo en el que se aprecia el "interior" de una computadora o del mundo virtual ("la red"). Aunque los personajes principales están muy bien delineados (y el guión adecuadamente se adapta a tendencias tecnológicas, con la fiebre por la Inteligencia Artificial), todo se centra en Ares, un programa que, a manera de un extraterrestre en la ciudad (la película está filmada en Vancouver), siente curiosidad por conocer el mundo y poco a poco intuye que hay algo siniestro en su creador. Ares (con la imagen que tiene Leto desde hace casi una década, con el cabello largo y barba) bien podría haber hecho equipo con el niño David de la cinta A.I. (cuyo título resultó algo profético).

Es notable el desempeño del departamento de diversidad, al haber en la película un elenco multiracial, pero hay algunos personajes no muy necesarios, especialmente Ajay (Hasan Minhaj) y Erin (Sarah Desjardins), expertos en tecnología y en presentar la nueva versión del videojuego Space Paranoids, creado desde hace más de 40 años por Kevin Flynn, a quien se le rinde culto como si fuera una especie de Stan Lee. Más interesante es el personaje de Gillian Anderson como la madre del villano Dillinger y por supuesto la aparición (breve, pero efectiva) de Jeff Bridges como Flynn, quien le ayuda a Ares a regresar al mundo real y con quien conversa acerca de la peligrosa obsesión con la tecnología, incluyendo lo que causa la música de Mozart y Depeche Mode. El guión de Jesse Wigutow suena algo forzado en cuestiones ténicas, pero efectivo para transmitir esa idea de lo orgánico sobre lo artificial.

En su recta final Tron Ares más bien se asemeja a películas como Independence Day o cualquiera de Marvel (eso sí, superando por mucho a la última de The Fantastic Four), pero su categoría como un filme de producción sofisticada  y su homenaje nostálgico a los 80s son innegables. Si a eso le sumamos un potente soundtrack que marca el regreso del grupo Nine Inch Nails (cuyos integrantes aparecen fugazmente en la cinta) tenemos un trabajo brillante y recomendable, aunque no tan impactante y trascendente como sus dos predecesores. En ese sentido, el esfuerzo de Leto por revalorar una de las sagas más atractivas de los estudios Disney valió la pena.

👌👌👌

(Fotografías: Cortesía Walt Disney Pictures)

MUST MOVIES.- Springsteen: Música de Ninguna Parte (20th Century Studios) - CRÍTICA

Dirigida por Scott Cooper; con Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Paul Walter Hauser y Odessa Young. 119 mins. (20th. Century Studios/Disney)

Por Julio Cortés

La fiebre por las películas biográficas comenzó en Estados Unidos hace ya siete años, con Bohemian Rhapsody. Pero hoy en día la promoción inicia prácticamente desde que se lleva a cabo el rodaje, con la posterior publicación de fotos en las que se aprecia cómo luce el proyecto. Si a esto se le suma alguna en la que el músico analizado aparezca (con su aprobación implícita), el primer paso para provocar el interés del público ya está dado. Pero la palabra final se da tras el estreno; es el momento de la verdad, y tras mucho preámbulo ya se ha dado a conocer Música de Ninguna Parte (Deliver Me From Nowhere), el esperado filme sobre Bruce Springsteen dirigido por Scott Cooper, responsable de cintas memorables, como Crazy Heart, Black Mass y Hostiles.

La película se centra en un período específico de la vida de Bruce Springsteen, tras la gira promocional del álbum doble The River de 1980. Fue entonces cuando el artista originario de New Jersey grabó Nebraska, un álbum atípico dentro de su discografía. Fuera del plan original -en el que Springsteen presentaría las canciones acompañado de su banda E Street- él decidió que Nebraska incluyera los demos originales, totalmente acústicos. El resultado fue una producción que sorprendió tanto a sus fans como a la crítica, muy alejada de las expectativas que tenía la disquera CBS.

"No se parece en nada" fue lo que escuche decir a una persona durante la proyección de Música de Ninguna Parte, refiriéndose al tipo físico del actor Jeremy Allen White (estrella de la popular serie de televisión The Bear) con el de Bruce Springsteen. Esa chica tenía razón, porque la elección de Allen White para interpretar al cantante apodado The Boss es uno de los tres defectos principales de la película. A pesar de ello, su trabajo es competente y no sería raro que resultara nominado al premio Oscar, pero más lo merecería Jeremy Scott (el actual fan del method acting), con el papel de Jon Landau, manager del artista y cuyas decisiones siempre han sido las adecuadas para anotarse éxitos en ventas con discos de contenido diverso, pero siempre brillante.

Los otros puntos negativos de la cinta son el no incluir en su totalidad el sonido original de las grabaciones del cantante, con el actor imitándolo (una tendencia que comenzó con Walk The Line, la película sobre Johnny Cash protagonizada por Joaquin Phoenix) y la invención de un personaje ficticio llamado Faye (Odessa Young), que no representa ni a la primera ni a la segunda esposa de Bruce, sino a la pareja que tuvo a principios de los 80s (la actriz Joycer Hyser, muy distinta físicamente a australiana Young). Y siendo honestos, la concepción, grabación, marketing y recepción del álbum Nebraska no fueron tan dramáticas, algo que Cooper exagera en el filme, dándole un panorama sombrío, con muchas escenas en la noche y una supuesta desesperación de Springsteen con la cual llega a pensar en el suicidio. Si bien él mismo expresó en su autobiografía los buenos resultados que le ha dado el tomar terapia, llevar ese tema a puntos extremos se orienta sólo a provocar interés y empatía en la vida de un artista que tuvo una infancia algo dura, pero con el rock como fuente de escape (las escenas en blanco y negro destacan por el trabajo del actor inglés Stephen Graham en el papel del padre de Bruce).

Lo acertado en la película es tanto la recreación de la época como el mostrar un lanzamiento muy sobrio para un disco de rock. Springsteen escribió varias de las canciones inspirado en los asesinatos cometidos por Charlie Starkweather, y aunque aparece que el cantante alquila una casa y ahí ve en la televisión la película Badlands (en la que se relatan los crímenes), lo cierto es que habló por teléfono durante varias horas con la periodista Ninette Beaver, autora del libro Caril, sobre la vida de Starkweather. Hay unas buenas secuencias en las que aparecen sesiones de grabación en Nueva York, con Bruce y la E Street Band interpretando la canción Born In The U.S.A. (que originalmente sería el tema de un filme con ese título, y que finalmente el director Paul Schrader llamó Light Of Day en 1987), y cómo Dennis King logró el masterizado perfecto para que el disco tuviera ese sonido rústico y fiel a los demos.

Aún así, las personas que esperaban ver una película sobre toda la vida de Bruce Springsteen quedarán desilusionadas, porque aquí sólo se muestra lo que sucedió a lo largo de un año; el título más adecuado hubiera sido Nebraska o bien The Making Of Nebraska. En el fondo, ese fue un álbum de transición, que dio pie a Born In The U.S.A., lanzado en 1984 y que es la verdadera obra maestra del cantante. Música De Ninguna Parte es una buena película, como lo es Let It Be de The Beatles, pero ese grupo contará próximamente con cuatro filmes que le harán honor a la vida de cada uno de sus integrantes, algo que The Boss sigue sin tener, ya sea en el género documental o en el dramático.

👍👍

(Fotografías: Cortesía 20th. Century Studios)

MUST MOVIES.- Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba - Castillo Infinito (Sony) - CRÍTICA

Dirigida por Hikaru Kondo y Haruo Sotozaki; con las voces de Zach Aguilar, Ryan Bartley, Natsuki Hanae, Griffin Burns y Akira hishida. 155 mins. (Sony Pictures)

Por Julio Cortés

Esta película es una de las más populares del año a nivel mundial, y en Estados Unidos se convirtió en el filme de anime más exitoso de la historia, tras recaudar en su primer fin de semana 70 millones de dólares. El verla en cine es una experiencia única, pero también frustrante, por una poderosa razón que se expone más adelante.

Siempre es de gran utilidad armar una sinopsis que exprese lo más claramente posible el argumento: la película nos muestra los esfuerzos de un grupo de jóvenes que conforman el Cuerpo de Cazadores de Demonios (una organización ignorada por el gobierno), en la Era Taisho de Japón. Destaca Tanjiro Kamado, quien se unió a éstos tras un duro entrenamiento, luego de que su familia fuera asesinada y que su hermana menor, Nezuko, fuera convertida en demonio. Tanjiro ha enfrentado a muchos, junto a Zenitsu Agatsuma e Inosuke Hashibira, además de hacer equipo con los Pilares (Hashira). Destacan Kyojuro Rengoku -Pilar de la Llama- en el Tren Infinito, Tengen Uzui -Pilar del Sonido- en el Distrito Rojo, Muichiro Tokito - Pilar de la Niebla- y Mitsuri Kanroji -Pilar del Amor-, ambos en la Aldea de los Herreros.

Mientras todos participaban en un entrenamiento especial para una batalla final, en la Mansión Ubuyashiki aparece Muzan Kibutsuji, lo cual pone al Cuerpo de Cazadores de Demonios en peligro. Tanjiro y los Pilares son arrastrados por Muzan hacia un espacio misterioso, y en el Castillo Infinito hay un enfrentamiento final, en el que los cazadores pondrán a prueba todos sus conocimientos para vencer a los despiadados demonios.

Esta cinta es la cuarta basada en el exitoso manga Infinity Castle; los otros filmes fueron estrenados en 2020, 2023 y 2024, con varias interesantes estrategias de marketing en Japón. Todas se basan en la popular serie de televisión de anime, producidas por el estudio de animación Ufotable y con los dibujos de Koyoharu Gotouge, primer artista de manga en figurar en la lista anual de la revista Time de las 100 personas más influyentes. La animación de la película es mucho más sofisticada que la de la serie de televisión, con efectos más espectaculares e imágenes más coloridas (más de 20 podrían conformar un cuadro, para colgarlo como una obra de arte en la sala de una casa). Desde el principio hay una violencia extrema que deja corto el contenido de cualquier filme de Takashi Miike y a la clasificación NC-17 como algo light: hay cabezas cortadas, katanas clavadas en ojos y sangre expuesta en la mayoría de las escenas. Esto último lo expongo como una observación y no como una crítica; la película es para adultos, y pude ver afuera del cine la negativa expresa que le daban a la familia de un niño que deseaba ingresar a ver el filme.

Es común ver aquí secuencias en cámara lenta y el iris de los ojos de los personajes principales temblar, escuchar monólogos internos y frases como "respiración de trueno", "respiración de agua" y términos como "rango superior" y "mundo transparente". Los gritos de los encargados del doblaje parece que pudieran provocarles una hernia por su esfuerzo, lo cual no demerita su buen trabajo. Los villanos realmente son temibles y casi invencibles; particularmente causaron temor en mí uno llamado Doma, otro con el look de Wolverine llamado Taigaku, y el más fuerte, Akaza, con líneas tatuadas en su rostro. La cinta cuenta con el máximo de intensidad desde la primera secuencia hasta la canción de Lisa en los créditos finales, pero todo eso no puede ocultar su principal defecto, algo imperdonable en un trabajo de este rango: no hay un texto introductorio, ni una explicación de la historia de los personajes, del conflicto principal, ni de lo que se va a ver en pantalla. Si el enigma presente en las 10 o más recientes películas del Universo Marvel radica en tener que ver previamente series de televisión y filmes pasados, el omitir ese detalle en esta película de Kondo y Sotozaki parace tanto una broma cruel como una exclusión para el espectador neófito en la obra de Gotouge. 

Aún así, la película funciona, pero debe de verse en este contexto más como una serie de viñetas (a lo Heavy Metal) con distinta potencia, logrando que uno se interese en los personajes (la última, altamente dramática, tiene una fuerza singular que logra conmover al público). Demon Slayer: Castillo Infinito es una obra maestra en el campo de la animación, y aunque en su narrativa tiene muchos tropiezos, su impacto como espectáculo visual hará que muchas escenas permanezcan en tu mente durante días, quizás semanas o meses. Y eso es un gran cumplido.

👍👍👍

(Fotografías: Cortesía Sony Pictures)

MUST MOVIES.- Una Batalla Tras Otra (Warner Bros.) - CRÍTICA

Dirigida por Paul Thomas Anderson; con Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Benicio del Toro y Chase Infiniti. 162 min. (Warner Bros. Pictures)

Por Julio Cortés

Siempre es bienvenido el trabajo conjunto entre un gran director y un gran actor, por lo que de alguna manera, cuando se anunció que Paul Thomas Anderson y Leonardo DiCaprio se encontraban en el rodaje de Una Batalla Tras Otra (One Battle After Another), era fácil predecir que la película sería trascendente. Al igual que otros realizadores como David Fincher y Darren Aronofosky (que involuntariamente "garantizan" nominaciones para los actores de sus filmes), Anderson presenta en su décima cinta una adaptación muy libre de la novela Vineland de Thomas Pynchon, centrada en la frontera de Estados Unidos y México.

DiCaprio interpreta a Bob Ferguson, un revolucionario fracasado en un constante estado de paranoia por culpa de las drogas. Vive con su hija Willa (Chase Infinity) desde que la madre de ésta, Perfidia (Teyana Taylor) los abandonó. Un día, Bob (quien en su juventud fue conocido como Pat Calhoun, líder del grupo terrorista French 75) descubre que Willa ha desaparecido, pero también que su antiguo enemigo, el coronel Steven J Lockjaw (Sean Penn), está persiguiéndolo, por lo que el ex radical se decide a rescatar a su hija, al mismo tiempo que lidia con las consecuencias de su pasado.

Como en todas sus películas, Paul Thomas Anderson maneja el argumento para que sea visto en dos niveles: una crítica social a varios temas y una historia entretenida, lo suficientemente atractiva para causar curiosidad en el público. En este filme Leonardo DiCaprio tiene otro personaje intenso, en la misma línea de los que ah interpretado en The RevenantShutter IslandThe Departed y Blood Diamond. Ferguson es un hombre con fuertes conflictos internos, de la misma forma que el militar interpretado por Sean Penn, quien siente una atracción sexual por Perfidia (una afroamericana), pero no se atreve a revelarlo cuando es invitado a formar parte de los Christmas Adventurers, un club cuyos integrantes promueven la supremacía blanca. Los años pasan y el coronel encargado de atrapar inmigrantes está empecinado en encontrar a Bob (cuyo nombre verdadero es Pat Calhoun, de sus tiempos como terrorista), pero su verdadero objetivo es que le entregue a esa mujer.

Un punto siempre importante es que los personajes resulten interesantes, y hay varias secuencias largas muy efectivas. Una se desarrolla en una carretera, con cuatro autos; otra muestra a Bob desde que contacta al profesor de karate de Willa hasta que huye con un grupo de inmigrantes por los techos de unas casas, para al final ser capturado (con ello no estoy revelando ningún punto clave en el argumento), y es única la escena en la que Lockjaw hace uso de un equipo portátil para pruebas de ADN. 

Benicio del Toro, James Raterman, Tony Goldwyn y John Hoogenaker tienen sólidos papeles de reparto, y Anderson presenta de nuevo a sus colaboradores habituales Alana Haim y Jonny Greenwood, aunque la pretenciosa música de este último resulta una distracción y tal vez el único detalle malo del filme. En el fondo, Una Batalla Tras Otra es una película de acción que trata acerca de un padre que lucha por salvar a su hija secuestrada, pero la profundidad en la que se presenta el conflicto es lo que reafirma el rango excepcional de Paul Thomas AndersonEsta es una de las mejores películas del año.

Nota: Una Batalla Tras Otra podría obtener unas ocho nominaciones al premio Oscar el año próximo, pero algo curioso es el tiempo que Leonardo DiCaprio y Sean Penn ocupan en pantalla; sus personajes son igual de importantes, aunque no se puede negar que es Leonardo la estrella principal de la película. Si ambos artistas resultaran nominados, lo más adecuado es que estuvieran compitiendo en la misma categoría (Mejor Actor).

👌👌👌👌

(Fotografías: Cortesía Warner Bros. Pictures)

MUST MOVIES.- El Conjuro 4: Últimos Ritos (Warner Bros.) - CRÍTICA

Dirigida por Michael Chaves; con Patrick Wilson, Vera Farmiga, Mia Tomlinson y Ben Hardy. 135 min. (Warner Bros. Pictures)

Por Julio Cortés

La saga de películas de terror de El Conjuro (The Conjuring) comenzó en 2013, y nadie se imaginaba que el primer filme iba a tener tanto dos secuelas -estrenadas en 2016 y 2021- como dos spin offs: Annabelle y La Monja (The Nun). Las cintas están basadas en hechos aparentemente reales, y muestran los casos investigados por Ed y Lorraine Warren, expertos en situaciones paranormales, interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga. Ahora por fin se estrena una cuarta película de la serie, Últimos Ritos (Last Rites), que sigue en la misma línea y que provocará mucha curiosidad entre los fans.

Esta cuarta parte comienza con un vistazo a la experiencia que Ed y Lorraine tuvieron en 1964, durante el nacimiento de su hija Judy (Mia Tomlinson). Después se  muestra una serie de eventos que suceden en 1986, en el interior de la casa de la familia Smurl, originarios de Pensilvania. Los Warren viajan hasta allá y descubren que en el lugar se cometieron una serie de crímenes; al mismo tiempo ellos preparan la boda de Judy, quien se da cuenta que tiene habilidades psíquicas.

Aunque los fans de estas películas han visto todas y seguramente irán al cine para adentrarse en este caso, una de las ventajas de los filmes de El Conjuro es que puedes ver tan sólo un filme y no será necesario conocer las otras cintas de la saga. Siempre se presenta un texto que explica los pormenores del argumento y lo que les espera a "los famosos investigadores de lo paranormal", lo cual ayuda mucho. Hay muchos efectos especiales, escenas de acción, objetos que se mueven, exorcismos, pero siempre un final feliz y conmovedor; esa fue la fórmula que aprovechó el director australiano James Wan, haciendo los argumentos un tanto más light y logrando que los espectadores tengan empatía con los personajes. Fue a partir de 2021 cuando él decidió fungir como productor de estos filmes, seleccionando a Michael Chaves para que los dirigiera.

Esta es una -aparente- despedida de estos personajes al público, y debido a ello se le da más importancia a los conflictos de los Warren que de los Smurl. Si las anteriores tres películas de la saga eran en los años 70, ahora Chaves logra bien ambientar todo en 1986, con el caso cubierto en un principio por la prensa, pero después ignorado por sus detalles oscuros. Vera Farmiga y Patrick Wilson están de nuevo muy bien como la pareja protagonista, pero lo malo es que se han encasillado en esos roles. Un punto a favor es el trabajo de la debutante  Tomlinson y de Ben Hardy, como la hija y el yerno en la familia; ambos son el ancla por si llega a haber una secuela más, con otra pareja de investigadores.

En cada caso que investigan, Ed y Lorraine Warren guardan en su casa un objeto que provoca el conflicto en cuestión; ahora es un espejo, pero también hay detalles siniestros, como una anciana de aspecto aterrador, un muñeco vestido de rojo con movimientos extraños y un tipo que más bien se parece a Marilyn Manson. Los últimos 20 minutos de El Conjuro 4: Últimos Ritos cuentan con un ritmo vertiginoso y sustos por todos lados. No es un filme indispensable, pero sí recomendable para los fans del género, quienes también reconocerán la aparición fugaz de actores y actrices de las tres primeras cintas, como Lili Taylor, Mackenzie Foy, Frances O'Connor y Julian Hilliard. Con esto queda comprobado que el terror predomina en los blockbusters de 2025.

👍👍

(Fotografías: Cortesía Warner Bros. Pictures)

MUST MOVIES.- Stans (Paramount+) - CRÍTICA

Dirigido por Steven Leckhart; con Eminem, Adam Sandler, LL Cool J y Carson Daly. 102 mins. (Paramount+)

Por Julio Cortés

Hace año y medio Eminem dio a conocer que daría inicio la producción de Stans, un documental acerca de los fans que se obsesionan por los artistas a los que idolatran. El concepto sonaba bien, pues estaría basado en Stan, la canción que en el año 2000 se convirtió en uno de los mayores éxitos del rapper, y que trataba acerca de un chico que llevaba su admiración por Eminem hasta límites insospechados. Lo que prometía ser una película con mucha investigación y tono crítico, es en realidad un documental bastante ligero, que sólo cubre un período en la carrera del artista, cuyo nombre verdadero es Marshall Mathers.

Efectivamente, se ven muchos fans de Eminem hablando a la cámara y relatando sus experiencias con respecto a qué canciones y letras los han marcado más, además de conflictos personales. Pero no son freaks peligrosos -lo cual es bueno-, y algunos comenzaron a seguir al artista ya demasiado tarde (de 2013 en adelante). Hay una extraña obsesión del director con una chica llamada Meagan que no dice cosas trascendentes, y resultan más interesantes los relatos de un chico francés que copia su vestuario (con gorra incluida) o una mujer que se ha tatuado varios retratos del rapper. Todas esas declaraciones podrían haberse eliminado, y hay mucho material de archivo de programas de MTV -una empresa subsidiaria de Paramount-, que se repitieron hasta el cansancio hace 25 años.

A medida de que transcurren las entrevistas, se descubre que uno de los verdaderos objetivos del documental es promover la salud mental, ya que Eminem padeció depresión, fue adicto a medicamentos e intentó suicidarse. Se muestran varios videos y fragmentos de sus canciones, como un mensaje que enviaba al público sobre su propia angustia y el querer superar esa etapa. Resulta irónico, porque esos hits eran lanzados como sencillos de humor ligero. En la escena más emotiva de la película, una joven fan lee una carta que nunca le envió al rapper y, llorando, comenta lo que la música de éste ha significado para ella. No deja de haber un distanciamiento entre el artista y los entrevistados, aunque él es sincero y agradece mucho a sus seguidores, diciendo que no sería nada sin su apoyo. 

Hay también intervenciones de Carson Daly (ex conductor del programa Total Request Live de MTV), el rapper LL Cool J (de quien Eminem dice fue su inspiración principal, aunque nunca menciona al trío Beastie Boys, los primero raperos blancos y quienes recomendaron a Cool J a la disquera Def Jam), Ed Sheeran y Adam Sandler; la intervención de este último luce forzada y se debe más bien a devolverle el favor a Eminem, quien apareció en la película Happy Gilmore 2. No podían faltar tanto Paul Rosenberg -manager del artista-, Dr. Dre -su mentor- y el gran productor Jimmy Iovine, ex director de Interscope Records. No hay entrevistas actuales ni con Devon Sawa (el actor que protagonizó el videoclip de Stan y muchos menos con Dido, quien colaboró en esa canción a través del sample de su tema Thank You. En el filme se ahonda en cierto contenido de los tres primeros álbumes de Eminem, pero después hay un repaso fugaz por algunos de sus discos posteriores; en ese sentido, la distribución del material de investigación es muy desigual.

Eminem es un artista brillante, con un gran número de seguidores, pero su carrera se divide en varias etapas: la de finales de los años 90 y principios de los dosmiles, en la que combinaba su imagen bufonesca con la de su alter ego Slim Shady; la de introspección e incursión en el cine, con el estelar en la película 8 Mile (un cult classic); la de las innumerables burlas a otros artistas (hombres y mujeres, y que ya no es viable en esta época, porque le lloverían demandas legales), y la de los últimos 10 años, en la que continúa con momentos de humor, pero lanza álbumes de los cuales sólo el primer sencillo se convierte en hit. Es uno de los rappers más importantes, y su extensa carrera merecería un documental de unas tres horas de duración. Desgraciadamente, Steven Leckhart, director de Stans, en su ambicioso plan de cubrir un panorama de algunos admiradores de Marshall Mathers y a la vez adentrarse en la propuesta artística de éste, se aleja de cumplir plenamente tanto uno como otro objetivo.


👋👋

MUST MOVIES.- Nadie 2 (Universal) - CRÍTICA

Dirigida por Timo Tjahjanto; con Bob Odenkirk, Sharon Stone, Connie Nielsen, Christopher Lloyd, RZA y Colin Hanks. 89 mins. (Universal Pictures)

Por Julio Cortés

Hace cuatro años se estrenó la película de acción Nobody, un proyecto personal del actor Bob Odenkirk, famoso mundialmente por su trabajo en la serie de televisión Breaking Bad y el spin-off de ésta, Better Call Saul. El éxito del filme fue sorpresivo -realmente nadie lo esperaba-, pero como productor Odenkirk se tomó su tiempo para preparar una secuela, que tuviera varias escenas de violencia y humor, pero también un entorno diferente.

Hutch Mansell (Odenrkirk) continúa pagando su deuda de 30 millones de dólares tras enfrentarse a la mafia rusa, pero después de una plática con “el barbero” (Colin Salmon) decide tomarse unas vacaciones con su esposa Becca (Connie Nielsen) y sus hijos en el parque acuático Wild Bill’s Majestic Midway, en el pueblo de Plumerville. Una serie de altercados provocan que de la noche a la mañana Hutch termine enfrentándose a los matones que trabajan ahí, provocando la furia de la peligrosa criminal Lendina (Sharon Stone), quien prácticamente controla el lugar.

Que te hayas perdido Nobody no hace que no comprendas el argumento de la secuela, Nadie 2 (Nobody 2), y eso es un acierto de los guionistas Derek Kolstad y Aaron Rabin. Con este filme debuta en Hollywood el director indonesio Timo Tjahjanto, experto en películas de acción y horror como May The Devil Take You y The Night Comes For Us, además de sus intervenciones en la saga de películas V/H/S. Cualquiera de esos trabajos puede provocar pesadillas en muchos espectadores, pero aquí muestra, por así decirlo, su lado más pop. El personaje de Odenkirk es una mezcla del de Chevy Chase en Vacation y el de Adam Sandler en Punch Drunk Love, ya que cuando lo provocan, en un primer momento no hace nada, pero después se venga y enfrenta a sus agresores con una fuerza insospechada. En esta aventura pierde parte de un dedo, pero no por eso estoy revelando algo importante de la trama.

Connie Nielsen regresa en el papel de la esposa del protagonista, y es bueno verla alejada de los intensos dramas que ha protagonizado, mostrando así su versatilidad. Pero el principal atractivo de Nadie 2 es la villana, interpretada por Sharon Stone. Al igual que otros íconos de los 90 como Pamela Anderson y Demi Moore, que han regresado en cintas populares, la actriz saca partido a sus intervenciones, mostrándose como una criminal muy atractiva y con ciertos detalles cómicos. Lo que sí resulta muy repetitivo es algo que yo llamaría "el efecto Rambo": un hombre aparentemente normal que resulta ser un ex militar, o ex agente del FBI, o asesino a sueldo, etcétera, experto en combate, muy ágil para su edad y capaz de provocar un caos. Es lo que han hecho en famosos filmes Keanu Reeves, Jason Statham, Liam Neeson y otros actores, sólo que Odenkirk adereza su personaje como alguien un poco arrepentido de sus peleas e interesado en que su esposa no se lo recrimine.

Obviamente, en una película de este tipo los últimos 20 minutos son cruciales y los que pueden salvar la historia, dejando a los espectadores satisfechos (en esas secuencias los personajes de Lloyd y el rapper RZA pasan a ser importantes). Es probable que con el paso del tiempo Nadie 2 sea olvidada por muchos -como pasó con la primera parte-, pero quienes fueron al cine, siendo público casual o no, podrán decir que vieron un filme de la misma línea que otras secuelas, como Kingsman; The Golden Circle y Zombieland: Double Tap, con buenos actores y violencia típica de los estrenos de fin del verano. Recomendable.

👍👍

(Fotografías: Cortesía Universal Pictures)

MUST MOVIES.- La Hora De La Desaparición (Warner Bros.) - CRÍTICA

Dirigida por Zach Cregger; con Josh Brolin, Julia Garner, Benedict Wong, Amy Madigan y Alden Ehrenreich. 128 mins. (Warner Bros. Pictures)

Por Julio Cortés

Parte de la campaña publicitaria de esta película en Estados Unidos consistió en "informar" sobre la misteriosa desaparición de personas, al estilo de lo que sucedió con la cinta The Blair Witch Project en 1999. En realidad eso no era necesario, porque aquel filme narraba el argumento a manera de falso documental, y La Hora De La Desaparición (Weapons) no. Es, en cambio, una película de horror y misterio que se ha convertido en el último éxito de taquillas de este verano, producida por un gran estudio y que marca el regreso del director Zach Cregger, quien hace tres años obtuvo fama gracias a la cinta Barbarian.

La historia se desarrolla en el pueblo de Maybrook, Pennsylvania, cuando todos los niños -menos uno- de la misma clase desaparecen misteriosamente la misma noche, a las 2:17 AM. Poco varios habitantes (la maestra Justine -Julia Garner-, el patrullero Paul Morgan -Alden Ehrenreich- y el director de la escuela Marcus Miller -Benedict Wong-) se preguntan quién o qué está detrás de esos eventos, por lo que se deciden a investigarlos.

Desde un principio esto refleja que el director Cregger ha visto demasiado la obra fílmica de David Lynch, sobre todo en cuanto al misterio. Su admiración por la serie de televisión Twin Peaks se refleja en el tratamiento de cada uno de los personajes del pueblo, y eso es un acierto, pues logra generar en el público curiosidad por la vida de ciertos habitantes, como James (Austin Abrams), un drogadicto que pasa a ser realmente peligroso. El héroe es sin duda Graff, padre de uno de los niños desaparecidos, quienes dan un toque algo ridículo corriendo por las calles como si se encontraran en un ballet. Y aunque es algo desesperante ver a Julia Garner con el mismo look, su actuación es buena. Casualmente ella participa en dos películas que han sido número 1 en taquillas de Estados Unidos (siendo la otra The Fantastic Four: First Steps).

La primera hora de este filme es más bien aburrida, pero después se convierte en una verdadera película de horror, con escenas muy violentas y que dejan de lado el desenredar el misterio, para que uno se centre en imaginar quién sobrevivirá. En ese aspecto Cregger se asemeja a directores como Ari Aster y Robert Eggers, y es sincero al no suavizar la película que él mismo escribió. Esto dista mucho de ser la desilusionante Sinners (estrenada este mismo año), pero también la serie de filmes de miedo light de M. Night Shyamalan, que afortunadamente dejaron de estar de moda hace ya mucho tiempo. El director aprovecha bien a sus actores, luciendo a cada uno: la gran Amy Madigan hace un espectacular regreso en esta cinta, y Wong...bueno, digamos que participa en una secuencia que resulta un homenaje directo a la del filme Irreversible que involucraba un extintor.

 

La Hora De La Desaparición no es una película para todos los gustos, y en ese sentido, su éxito resulta sorpresivo. Hubiera sido mejor que otra cinta de este género, como 28 Years Later, corriera con la misma suerte, pero no todo podía resultar perfecto. El filme de Zach Cregger tiene un argumento que ya se ha tratado en múltiples ocasiones, pero su violencia sin concesiones es el ingrediente necesario para que las películas de horror vuelvan a dominar en las taquillas y que, para bien o para mal, sean valoradas. No puedo recomendarla del todo, pero tampoco rechazarla, porque mantiene el objetivo de director por alejarse de otros filmes deliberadamente más accesibles. En ese sentido, considérenla diferente, lo cual ya es algo. 

👋👍👍

(Fotografías: Cortesía Warner Bros. Pictures) 

MUST MOVIES.- ¿Y Dónde Está El Policía? (Paramount) - CRÍTICA

Dirigida por Akiva Schaffer; con Liam Neeson, Pamela Anderson, Paul Walter Hauser y Danny Huston. 85 mins. (Paramount Pictures)

Por Julio Cortés

El director David Zucker se hizo famoso con películas de comedia como Airplane!, Top Secret! y Ruthless People, pero en 1988 obtuvo uno de sus mayores éxitos con The Naked Gun: From The Files Of Police Squad!, estelarizada por Leslie Nielsen. Los buenos resultados de esa película en las taquillas dieron pie a dos secuelas, estrenadas en 1991 y 1994 (todas bajo el título de ¿Y Dónde Está El Policía?) Desde hace varios años se habló de un reboot de la saga, en el que Liam Neeson siempre fue la opción principal para el papel del detective Frank Drebin, que en esta ocasión es el hijo del personaje que hizo Nielsen.

Tras frustrar el robo a un banco e investigar un accidente que inicialmente fue considerado un suicidio, Frank Drebin Jr. comienza a investigar a Richard Crane (Danny Huston), un multimillonario experto en tecnología que quiere crear un nuevo mundo, modificando la actitud de las personas usando un dispositivo. Junto con Beth Davenport (Pamela Anderson), Frank busca por todos los medios evitar el plan del empresario, aunque él mismo provoque destrozos.

El título en español de ¿Y Dónde Está El Policía? tiene su historia, pero no vale la pena contarlo ahora. Seth McFarlane, creador y productor de la serie de dibujos animados Family Guy, es el responsable de llevar de nuevo a la pantalla grande las aventuras de Frank Drebin. Una misión arriesgada, sin duda, porque desde antes de la pandemia las comedias de este tipo ya no lograban impactar en las taquillas. El humor de mal gusto y con muchas connotaciones sexuales en gags fugaces es el estilo de McFarlane, así como el seleccionar a Neeson, quien protagonizó junto con él la película de 2014 A Million Ways To Die In The West, que fue un fracaso. Vaya, Seth hasta seleccionó como director a Akiva Schaffer, creador de filmes olvidables estelarizados por su mejor amigo Andy Samberg. Personas creativas, pero que el público puede amarlos u odiarlos.

Liam Neeson es un gran actor, pero desde hace 10 años se estancó en películas de acción en las que prácticamente repetía el mismo personaje del filme Taken. Él es la gran estrella aquí, pero mientras Leslie Nielsen -quien comenzó su carrera como un actor serio- interpretaba a un policía más o menos normal en circunstancias ridículas, el Frank Drebin de Neeson es prácticamente el rudo oficial de Taken en escenas de mal gusto, y con las que Schaffer busca imitar (sin éxito) el estilo de David Zucker. Pamela Anderson sigue siendo una mujer muy atractiva, pero es bastante desperdiciada en esta historia, así como Danny Huston, quien el año pasado hizo un trabajo muy menor en el abominable remake de The Crow. Hay un acierto en esta comedia: la inclusión de Paul Walter Hauser, por primera vez agradable, al interpretar al ayudante del personaje principal.

Aunque ¿Y Dónde Está El Policía? es una película bastante corta en comparación con otros estrenos del verano, se sale de control en los últimos 20 minutos, con chistes realmente pueriles. Es uno de tantos remakes que ha habido de filmes de los 80s y 90s, que no resultan ni trascendentes ni memorables. Liam Neeson necesita urgentemente regresar a las películas independientes o a superproducciones como Star Wars: The Phantom Menace. Hace más de 30 años el actor irlandés fue nominado al Oscar, y también su amigo Ralph Fiennes, por el filme Schindler's List. En aquella época muchos decían que el potencial y la versatilidad de Neeson era aún mayor que la de Fiennes (protagonista de Conclave 28 Years Later). Por lo visto el destino hizo que los papeles se invirtieran.

👋👋👎

(Fotografía: Paramount Pictures)

MUST MOVIES.- Cómo Entrenar a Tu Dragón (Universal) - CRÍTICA

Dirigida por Dean DeBlois; con Mason Thames, Gerard Butler, Nico Parker y Nick Frost. 125 mins. (Universal Pictures)

Por Julio Cortés

La saga de filmes de How To Train Your Dragon es un curioso caso, ya que las tres cintas han sido nominadas al Oscar en la categoría de Mejor Película de Animación. Con la fiebre de los live action, era lógico pensar que en algún momento se aprovecharía ese éxito para estrenar la versión con actores, que es uno de los principales estrenos del verano. No sólo ha regresado el director Dean DeBlois (responsable de los filmes de 2010, 2014 y 2019), sino también el actor Gerard Butler, quien dio voz en esas películas al mismo personaje que interpreta ahora.

Muchas de las personas que irán a ver esta película saben que el argumento gira en torno a Hipo (Mason Thames), un vikingo adolescente que vive en la isla de Berk, lugar que constantemente es atacado por dragones. El chico hiere a uno de éstos, pero termina siendo su amigo, llamándolo Chimuelo y protegiéndolo de los demás vikingos, incluyendo a su padre, Estoico (Butler). Apoyado por Astrid (Nico Parker), Hipo descubre que con la ayuda de Chimuelo puede derrotar al temible dragón Muerte Roja, y con ello ganar el respeto de Estoico.

Es una pena que el concepto original de Cómo Entrenar a Tu Dragón se haya diluido de una forma no satisfactoria en el live action. Probablemente la película sea nominada al premio de la Academia por sus efectos visuales -los cuales son muy buenos-, pero el problema comienza con la caracterización de los personajes. En vez de lucir temibles o bonachones, parecen sacados de una obra de teatro escolar o de cualquier película de Asterix; pero mientras ahí la intención era deliberadamente cómica, aquí muchas escenas pierden la seriedad debida tan sólo por ese detalle. No sé, DeBlois podría haber visto cintas como The Northman o The 13th Warrior y el resultado podría haber sido atractivo, no caricaturesco.

Gran polémica causó para los fans de los filmes animados sobre Hipo y Chimuelo que  Parker (hija de Thandie Newton) fuera seleccionada para el personaje Astrid, el interés romántico del héroe. El trabajo de la joven actriz es competente, pero ella no se parece en nada al diseño original, y en la tribu de Estoico no todos lucen como vikingos. Eso no es una crítica, sino una observación; evidentemente hay diversidad, pero la adaptación queda no muy fiel (como las escenas modificadas en el reciente live action de Lilo & Stitch). Un blockbuster para toda la familia no tiene por qué solemnizar muchas cosas, pero tampoco descuidar escenas que son algo aburridas. El filme se repone en la recta final, aunque todo se debe a problemas que vienen desde la planeación.

Hay tres aciertos en esta cinta: uno es el joven Mason Thames, quien ganó fama mundial gracias a la película The Black Phone y que resulta ideal para el personaje de Hipo; Butler, el gran actor inglés que tras protagonizar muchos filmes de acción -algunos de serie B- impone carácter al líder Estoico, y el dragón negro Chimuelo, un personaje que, aún generado por computadora, siempre se gana el cariño del público. Ellos son memorables, pero eso no resulta suficiente para que Cómo Entrenar a Tu Dragón brille, por lo cual es mejor no esperar con impaciencia la segunda parte y dejar a estos dragones volar.

👋👋 

(Fotografías: Universal Pictures)

MUST MOVIES.- Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos (Disney) - CRÍTICA

Dirigida por Matt Shakman; con Pedro Pascal, Vanessa Kirby, Ebon Moss-Bachrach, Josph Quinn y Julia Garner. 114 mins. (Walt Disney Pictures)

Por Julio Cortés

Las adaptaciones en cine del comic de Los Cuatro Fantásticos siempre se han distinguido por la expectativa que causan entre el público durante la fase de preproducción, pero todo cambia cuando las películas se estrenan, porque el elenco, la trama o el villano elegido no cuentan con la fuerza necesaria para causar impacto, y hace 15 años el filme protagonizado por Jessica Alba y Chris Evans dio pie a una secuela que tuvo la misma fría recepción. Peor fue el destino de la cinta de 2015, cuyos resultados en las taquillas fueron malos, y que muchos ya ni recuerdan. Ahora los estudios Disney presentan Los Cuatro Fantásticos: Primeros Pasos, que una vez más muestra las aventuras de los conocidos superhéroes de Marvel.

El director Matt Shakman muestra en una secuencia casi interminable varias misiones del científico Reed Richards (Pedro Pascal), su esposa Sue Storm (Vanessa Kirby), el hermano de ésta, Johnny Storm (Joseph Quinn) y Ben Grimm (Ebon Moss-Bachrach), en especial la que hizo que tras una explosión sufrieran modificaciones en sus cuerpos, para aprovecharlas como superpoderes y convertirse en Los Cuatro Fantásticos. Ahora deben defender la Tierra de un dios del espacio llamado Galactus (con voz de Ralph Ineson) y de Silver Surfer (Julia Garner).

Del comic y la caricatura de Fantastic Four podría esperarse una película llena de acción, pero esta adaptación es sombría y demasiado pausada. Hay un antecedente, porque Shakman dirigió WandaVision, una de las series de televisión de Marvel en las que la producción era muy vistosa y contrastaba con un desenlace un tanto frío. Nadie parece divertirse mucho aquí: ni los superhéroes, ni los habitantes de la ciudad, ni el villano Galactus (el cual por lo menos no desiste en querer cumplir su plan).

Toda la trama gira en torno a un bebé que espera Sue, lo cual no da pie a otras aventuras que de por sí quedan inconclusas (las complicaciones emocionales que Los Cuatro Fantásticos tienen gracias a sus habilidades, especialmente Ben Grimm, son subestimadas). Garner aparece como la versión femenina de Silver Surfer, y resulta un personaje bien tratado en el guión; ella y Johnny Storm son los verdaderos héroes en esta historia. Pascal ya luce igual en todos los filmes que aparece -Reed Richards jamás usó bigote-, y eso es un gran error en cuanto a respetar el concepto del comic. El robot H.E.R.B.I.E. es bastante estorbo, pero hay un acierto: el diseño de producción de Kasra Farahani y Jille Azis.

En el enfrentamiento final con Galactus se lucen los efectos especiales, pero no hay tensión ni velocidad, sino elementos predecibles; no tiene nada que ver el manejo del empoderamiento, pero la película The Incredibles de Pixar contaba con más acción. Obviamente Los Cuatro Fantásticos formarán parte de la superproducción Avengers: Doomsday -a estrenarse en año y medio-, y mucho se habló del regreso del actor Robert Downey Jr. al mundo de los superhéroes, ahora como el villano Dr. Doom, quien habría inyectado algo de energía a esta cinta, cuyo éxito en taquillas no es sinónimo de algo admirable, y mucho menos memorable.

👋👋

(Fotografía: Walt Disney Pictures)   

MUST MOVIES.- Superman (Warner Bros.) - CRÍTICA

Dirigida por James Gunn; con David Corenswet, Nicholas Hoult, Rachel Brosnahan, Nathan Fillion y Skyler Gisondo. 129 mins. (Warner Bros.)

Por Julio Cortés

Desde que James Gunn asumió (junto con Peter Safran) la dirección general de DC Studios, puso en marcha su plan de escribir, producir y dirigir un reboot de Superman, que por fin ha llegado a la pantalla grande. Las experiencias de Gunn en el mundo del cine de superhéroes bien dan para el argumento de una película, pero es mejor dejar eso de lado y analizar esta superproducción, de las más importantes del año, y que tiene tanto virtudes como defectos.

El director no quiso tomarse mucho tiempo en los detalles sobre los orígenes del superhéroe (algo que en muchas reactivaciones de las sagas de este tipo ocupa hasta una hora). Así, se nos cuenta que Superman (David Corenswet) ha sido enviado a la Tierra desde el planeta Krypton, y detiene una invasión del país Boravia a Jarhanpur. Él oculta su identidad como superhéroe trabajando en el periódico Daily Planet, con el nombre de Clark Kent. Mientras tanto, el millonario Lex Luthor (Nicholas Hoult) viaja a la Antártida y entra a la Fortaleza de la Soledad (santuario de Superman) para buscar algo con lo que pueda derrotar a El Hombre de Acero.

Primero que nada, hay que aclarar que como este personaje en cine, el actor Christopher Reeve no ha sido superado, tanto en presencia como en fuerza escénica. Ahora Corenswet es el encargado de interpretar a El Hombre de Acero, y se defiende, mostrando al superhéroe como alguien sensible y dispuesto a ayudar a las personas. Llega acompañado del perro Krypto (que llamó la atención desde el primer trailer promocional de la película), así como de robots ayudantes en la Fortaleza de la Soledad. Los problemas comienzan cuando Lex Luthor (Hoult, una de las dos únicas estrellas en el elenco principal) da a conocer al mundo el video que extrajo de ese lugar, en el que Jor-El (Bradley Cooper) y Lara Lor-Van (Angela Sarafyan) le hacen a su hijo Kal-El (es decir, Superman) un encargo que resulta sorpresivo para todos, hasta para él.

El problema principal de la cinta es que Gunn estuvo desde un principio más interesado en atraer a los fans de los comics que al público en general, lo cual no pasó en las dos primeras películas de la saga estelarizada por Reeve. El director se basó en el libro All-Star Superman de Grant Morrison, y aunque visualmente el superhéroe luce más clásico, la inclusión de un puñado de personajes innecesarios desvían el protagonismo de El Hombre de Acero. Están Green Lantern (Nathan Fillion), Mister Terrific (Edi Gathegi), Hawkgirl (Isabela Merced) y Metamorpho (Anthony Carrigan). Este último conoce a Superman en una celda de la prisión a la que lo lleva Luthor tras raptar a Krypto; es un lugar ubicado en un universo alterno, al cual muy pocos pueden entrar. Resulta fácil predecir que la táctica del realizador es tener conformado desde ahorita su elenco para una próxima película, a manera de competencia, con Avengers: Doomsday, de los estudios Marvel. Si hay algo que se menciona mucho en este filme, es el término "metahumano".

Rachel Brosnahan brilla de principio a fin como Lois Lane, quien está al tanto de que Clark Kent es Superman; hay una escena casi interminable en la que la periodista le hace una entrevista al superhéroe para saber sus visiones políticas. Lex Luthor, como siempre, tiene una gran afición a los bienes raíces, pero en el fondo, lo que lo mueve es la envidia y la popularidad de El Hombre de Acero. Y si hay héroes escondidos en la trama, son Jimmy Olsen (Skyler Gisondo), la bella Eve Teschmacher (Sara Sampaio) y Mister Terrific. 

El conflicto político de Boravia y Jarhanpur sólo contribuye a que el argumento sea confuso y pretencioso; es mejor centrarse en los efectos especiales -muy buenos- y en que por lo menos se respetó un pasaje de la música de John Williams (lo cual no se hizo en la saga anterior, protagonizada por Henry Cavill). James Gunn ya prepara la película de Supergirl (con Milly Alcock), y no podía dejar de incluir una pista al respecto, además de imponer su sello al elegir canciones de rock (tal y como lo hizo en los filmes de Guardians Of The Galaxy), en esta ocasión con Punk Rocker, del grupo Teddybears con Iggy Pop. En suma, Superman respeta el concepto de blockbuster familiar, pero su preferencia hacia cierto sector del público no la hacen brillar como muchos quisieran.

👍👍

(Fotografías: Warner Bros. Pictures)